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Pero en Europa, los periódicos y los partidos tienen aún un peso que puede equilibrar
                  la influencia de la televisión y, por tanto, el cálculo de la influencia es dificil de realizar.
                  De  todos  modos,  por  regla  general,  la  televisión  influye  más  cuanto  menor  son  las
                  fuezas contrarias en juego, y especialmente cuanto más débil es el periódico, o cuanto
                  más     débil   es    la   canalización    partidista   de   la   opinión    pública.
                        Lo que podemos calcular es sobre todo la variación de las intenciones de voto en el
                  transcurso de las campañas electorales. Por ejemplo, en las elecciones italianas de 1994
                  Luca Ricolfi calculó (entrevistando cada quince días a una muestra) que la televisión
                  había desplazado hacia la derecha más de seis millones de votos. Y aunque éste sea un
                  desplazamiento máximo, son muchos los que consideran que tres o cuatro millones de
                  nuestros electores están tele-guiados.

                     Quede  claro  que  en  este  tema  una  explicación  estrictamente  monocausal  no  se
                  mantiene casi nunca, pero si nos limitamos a las variaciones de las intenciones de voto,
                  es  plausible  que  en  este  sentido  la  influencia  de  la  televisión  sea  decisiva.
                     Por otra parte, tenemos el hecho de que esta medición excluye a los que no cambian el
                  voto, es decir, la mavoría del electorado. ¿Por qué no lo cambia? Probablemente porque,
                  dada una multiplicidad de llamamientos diferentes y contrarios, las incitaciones de los
                  medios  de  información  se  neutralizan.  Pero  esto  no  es  una  prueba  de  que  no  haya
                  influencia;  y  ya  estamos  de  nuevo  en  el  frágil  terreno  de  la  búsqueda  de  indicios.
                     No obstante, no nos debemos limitar a analizar cuánto incide la televisión en el voto.
                  Los  efectos  de  la  vídeopolítica  tienen  un  amplio  alcance.  Uno  de  estos  efectos  es,
                  seguramente, que la televisión personaliza las elecciones. En la pantalla vemos personas
                  y  no  programas  de  partido;  y  personas  constreñidas  a  hablar  con  cuentagotas.  En
                  definitiva, la televisión nos propone personas (que algunas veces hablan) en lugar de
                  discursos (sin perso nas). Damos por hecho que el máximo líder, como de cimos hoy,
                  puede emerger de todos modos, incluso sin televisión. En sus tiempos, Hitler, Mussolini
                  y Perón se las arreglaron perfectamente con la radio, los noticiarios proyectados en los
                  cines  y  los  comicios.  La  diferencia  es  que  Hitler  magnetizaba  con  sus  discursos
                  histéricos y torrenciales y Mussolini con una retórica lapidaria, mientras que el vídeo-
                  líder más que transmitir mensajes es el mensaje. Es el mensaje mismo en el sentido de
                  que si analizamos lo que dice, descubrimos que «los medios de comunicación crean la
                  necesidad de que haya fuertes personalidades con lenguajes ambiguos [...] que permiten
                  a cada grupo buscar en ello E...] lo que quiere encontrar» (Fabbrini, 1990, pág. 177).


                     Sea  como  fuere,  cuando  hablamos  de  personalización  de  las  elecciones  queremos
                  decir que lo más importante son los «rostros» (si son telegénicos, si llenan la pantalla o
                  no) y que la personalización llega a generalizarse, desde el momento en que la política
                  «en imágenes» se fundamenta en la exhibición de personas. Lo que también quiere decir
                  que la personalización de la política se despliega a todos los niveles, incluyendo a los
                  líderes locales, especialmente si el voto tiene lugar en circunscripciones uninominales.
                  La última observación nos  recuerda que, por lo que respecta a la personalización, el
                  sistema electoral es una variable importante. Aquí la regla generalizada es que el poder
                  del  vídeo  es  menor  cuando  el  voto  se  da  a  listas  de  partido,  y  que  adquiere  toda  su
                  fuerza cuando el sistema electoral está también personalizado, es decir, cuando se vota
                  en colegios uninominales para candidatos únicos.
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