Page 42 - HOMO_VIDENS
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Esto no da lugar o no debería dar lugar a que toda la política sea local. Porque en tal
                  caso, la colegio—dependencia ya no es un «servir a la localidad», digamos, fiológico;
                  sino  que  se  convierte  en  un  patológico  servir  a  todos,  lo  que  acarrea  graves
                  consecuencias.  Es  cierto  que  se  podría  argumentar  que  la  colegio-dependencia  es  un
                  incremento del demo-poder. Pero, atención, el demos en cuestión no es todo el pueblo
                  en  su  conjunto.  Es,  en  cambio,  una  mezcla  de  «pequeños  pueblos»  fragmentados  y
                  cerrados en sus pequeños horizontes locales.

                      Este supuesto progreso democrático transforma el parlamento en una constelación de
                  intereses  particulares  en  conflicto,  en  un  anfiteatro  de  representantes  convertidos  en
                  mandatarios, cuyo mandato es llevar el botín a casa. De este modo, cuanto más local se
                  hace la política, más desaparece la visión y la búsqueda del interés general, del bien de
                  la comunidad. Y así, la política se transforma en un juego nulo y también en un juego
                  negativo: una operación en la que todo son pérdidas.


                  ¿Cuáles  son  las  culpas  de  la  televisión  en  el  aumento  del  localismo?  Aunque  este
                  desarrollo depende de múltiples factores, uno de ellos, y seguramente de peso, es que la
                  televisión tiende a concentrarse en noticiarios locales (vid. supra, págs 82y sigs. e mfra,
                  págs. 117 y sigs.). Junto a la colegio-dependencia del representante he mencionado la
                  vídeo-dependencia.  Esta  vídeo-dependencia  tiene  numerosos  aspectos;  pero  el  más
                  importante  me  parece  éste:  que  los  políticos  cada  vez  tienen  menos  relación  con
                  acontecimientos  genuinos  y  cada  vez  se  relacionan  más  con  «acontecimientos
                  mediáticos»,  es  decir,  acontecimientos  seleccionados  por  la  vídeo-visibilidad  y  que
                  después  son  agrandados  o  distorsionados  por  la  cámara.  Esta  reacción  ante  los
                  acontecimientos mediáticos es especialmente grave en política internacional.

                   El presidente Reagan se lanzó a la historia del Irangate porque cada noche veía llorar en
                  la televisión a los padres de los rehenes.  El caso de Somalia es emblemático. ¿Por que
                  intervenir  en  Somalia  y  no  en  otros  países  africanos  que  también  pasan  hambre,  y
                  padecen  conflictos  tribales  y  sanguinarios  por  culpa  de  los  «señores  de  la  guerra»?
                  Somalia  ha  sido  una  gran  battage  televisiva;  después,  se  apagaron  los  focos  y  de
                  Somalia no se acuerda nadie, ni nadie nos cuenta que allí todo está como antes.

                    Sabíamos, o deberíamos saber, que si nos enfrentamos a una organización de bandidos,
                  o éstos son eliminados o el enfrentamiento ha sido inútil. Pero la televisión «montó»
                  una intervención sólo humanitaria, para  luchar contra el hambre  y basta. Somalia no
                  podía  ser  más  que  un  fracaso;  un  fracaso  que  la  televisión  nunca  ha  explicado,  ni
                  ayudado a entender. Otro aspecto importante de la política vídeo-plasmada es no sólo
                  que la televisión ha llegado a ser la autoridad cognitiva más importante de los grandes
                  públicos (vid. supra, pág. 71), sino que al mismo tiempo atribuye un peso desconocido
                  y  devastador  a  los  falsos  testimonios.  Con  la  televisión  las  autoridades  cognitivas  se
                  convierten en divos del cine, mujeres hermosas, cantantes, futbolistas, etcétera, mientras
                  que el experto, la autoridad cognitiva competente (aunque no siempre sea inteligente)
                  pasa a ser una quantité négligeable.
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