Page 40 - HOMO_VIDENS
P. 40

Pero, atención, el sistema electoral interactúa siempre con el sistema de partidos y más
                  exactamente  con  su  fuerza  organizativa  (cfi  Sartori,  1996,  págs.  51-60).

                  Estados Unidos e Inglaterra tienen el mismo sistema electoral: el sistema uninominal, de
                  una sola vuelta. Pero la incidencia de la vídeo-política es fortísima en las votaciones
                  americanas  y  más  moderada  en  las  inglesas.  La  razón  es,  repito,  que  el  sistema  de
                  partidos  es  débil,  debilísimo,  en  América,  mientras  que  sigue  estando  fuerte,
                  fuertemente estructurado en el Reino Unido.

                     El sistema electoral y el sistema de partidos son, pues, variables importantes en lo que
                  concierne  al  hecho  de  favorecer  u  obstaculizar  la  personalización  de  la  política.
                  También lo es el sistema político, en cuanto a la diferencia entre sistemas presidenciales
                  y  sistemas  parlamentarios.  En  los  sistemas  presidenciales  el  jefe  del  Estado  es
                  designado por una elección popular directa. Y, por consiguiente, en estos sistemas la
                  personalización  de  la  política  es  máxima.  Y  lo  es  especialmente  en  Estados  Unidos,
                  donde la fuerza de la televisión es asimismo máxima.

                     Los  comentaristas  americanos  caracterizan  sus  elecciones  presidenciales  como  una
                  horse race, una carrera de caballos, y la cobertura televisiva de esta carrera es como un
                  game reporting, una retransmisión deportiva. Paso la palabra a T. E. Patterson (1982,
                  pág.  30):  «Antes,  los  candidatos  formaban  a  su  público  de  seguidores  mediante
                  reclamos sustantivos de contenido. Ahora se tienen que enfrentar a la dinámica de cómo
                  se retransmite unjuego»; y esto es porque el reportaje está, a la vez, «dominado por el
                  reportero»  y  game  centered,  centrado  en  el  juego.  La  cuestión  es  que  la  carrera
                  presidencial se convierte en un espectáculo (incluida también en el show business) en el
                  que el espectáculo es lo esencial, y la información es un residuo.

                      El  último  punto  es  éste:  que  la  vídeo-política  tiende  a  destruir  —unas  veces  más,
                  otras menos— el partido, o por lo menos el partido organizado de masas que en Europa
                  ha dominado la escena durante casi un siglo. No se trata sólo de que la televisión sea un
                  instrumento  de  y  para  candidatos  antes  que  un  medio  de  y  para  partidos;  sino  que
                  además el rastreo de votos ya no requiere una organización capilar de sedes y activistas.


                   Berlusconi  ha  conseguido  una  cuarta  parte  de  los  votos  italianos  sin  ningún  partido
                  organizado a sus espaldas (pero con las espaldas bien cubiertas por su propio imperio
                  televisivo).  El  caso  del  presidente  Collor,  en  Brasil,  es  parecido:  un  partiducho
                  improvisado sobre dos pies, pero con un fuerte apoyo televisivo.  En Estados Unidos,
                  Ross Perot, en las elecciones presidenciales de 1993, llegó a obtener una quinta parte de
                  los  votos  haciéndolo  todo  él  solo,  con  su  dinero,  simplemente  con  los  talk-showsy
                  pagando sus presentaciones televisivas.  No preveo que los partidos desaparezcan. Pero
                  la video-política reduce el peso y la esencialidad de los parti dos y, por eso mismo, les
                  obliga a transformarse. El llamado «partido de peso» ya no es indispensable; el «partido
                  ligero» es suficiente.
   35   36   37   38   39   40   41   42   43   44   45