Page 63 - LIBRO ERNESTO
P. 63
Capítulo 3
Ahí aparecen los primeros destellos de la incipiente fama y las
tentaciones de la noche. Ibamos a los centros nocturnos por voluntad o
por invitación. Era un ambiente que atraía a la mayoría de los jugadores
de fútbol. No eran todos, pero si un número apreciable. La aparente
fama de jugador brinda un status que en esos tiempos era un espejismo.
Sentí un cambio difícil. No ahorré dinero. Cuando cambié mi actividad
de futbolista por la de director técnico hice un cambio radical en mi
forma de manejarme. Guardé todo lo ganado, escapé del mundanal
ruido. Entendí que era un personaje visible y si iba a dar órdenes y
normas de comportamiento tenía la obligación de dar ejemplo.
Por eso me fue bien en la dirección técnica. Hubo momentos en que
mis amigos comentaban, que estaba sobrado, que me había agrandado.
Y no era eso y peor que estaba huyendo de mis amigos de toda la vida,
a los que respeto y los sigo queriendo. Cambié por mi propio bien.
Cambié de actitud para tener autoridad moral.
RECibÍ UnA EdUCACión dE LUJO
¡Que suerte tuve por Dios!. La ortografía y la caligrafía que tengo
se las debo a los Hermanos de La Salle. Cuando me mandaban a
repetir 100 veces las faltas de ortografía y mi papá me preguntaba que
estaba haciendo: “repito tanto para aprender correctamente papá”, le
contestaba tratando de engañarlo. Qué educación recibí. Había un
prolijo control. Entregaban cada semana la libreta de calificaciones,
que era con puestos. Si había una nota mala, llamaban a los padres y
había que llevar la libreta firmada. Soy un agradecido de ese control,
aunque siempre entendí que todo depende del alumno y de la familia.
Todos aprendimos política a los 12 años en la Plaza del Teatro. Las
sesiones de las agrupaciones gremiales de los trabajadores y las protes-
tas del pueblo se forjaban en la zona. En la Plaza del Teatro estaba el
Cuartel Vencedores. De ahí salían los policías a caballo acompañados
de sus sables para castigar a la multitud que reclamaba. Después pasó a
funcionar en ese mismo predio, el Regimiento Quito.
Memorias de un triunfador 63