Page 82 - Tratado sobre las almas errantes
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Si esta teoría es cierta, Jesucristo con su muerte ha redimido sólo a los hombres. Pero su
Pasión es también una enseñanza para los ángeles viadores. Del tema de la interconexión de las dos
economías salvíficas, la humana y la angélica, ya hablamos en mi libro La tiniebla en el exorcismo.
Lo que era más adecuado tratar aquí es el paralelismo entre las almas perdidas y los ángeles caídos
dejados para el Juicio Final.
Sección 2
Sobre los hombres juzgando a ángeles en el Juicio Final
Merece que nos detengamos en un versículo ya mencionado: No sabéis que juzgaremos a los
ángeles (1 Cor 6, 3). ¿Cómo es posible que un hombre juzgue a otro ser libre (ángel o humano) con
una repercusión escatológica? ¿Es que quedó algo por ser juzgado en el mundo angélico? ¿Queda
posibilidad en ellos de algún tipo de responsabilidad punible tras su caída de los cielos? Una
exégesis que entendiera por ángeles a los miembros de la Iglesia, tampoco solucionaría el
interrogante esencial que plantea esta cuestión. Porque lo problemático radica en el hecho de que
simples seres humanos ejerzan una función judiciaria, la que sea, en el Juicio Final; siendo
indiferente si son personas angélicas o humanas.
Dado que Dios no precisa de testigos ni de fiscal ni de abogado ni mucho menos de jueces
subalternos, cuál sea el sentido de la frase de San Pablo, se nos escapa. Sin embargo, una posible
solución sería que los seres humanos contribuyeran en la proclamación de las glorias de los santos,
así como en la pública manifestación de los pecados cometidos en la Historia. Esta posibilidad
redundaría en la consideración del Juicio Final como una solemne manifestación de los juicios de
Dios.
Otra posibilidad es que cada humano salvado exponga de modo resumido las tentaciones que
sufrió de un determinado ángel caído y los sufrimientos que eso conllevó para su vida, y que el
humano haga un último intento de tratar de convencer a ese ángel caído para que no siga el camino
de Satanás y se arrepienta. Si esta posibilidad fuera cierta, el Juicio Final sería el último gran acto
colectivo de llamada al arrepentimiento para aquellos espíritus no determinados. Y si ni siquiera
con un acto público tan dramático se arrepintiesen, Dios separaría a los réprobos con una sentencia
colectiva. De hecho, no haría falta una sentencia individual: todos los que no se acercasen
arrepentidos hacia Dios quedarían en el lado de la izquierda. En ese sentido, el Juicio Final sería un
juicio colectivo con una sentencia colectiva.
Entendido de esta manera como aquí hemos expuesto, el Juicio Final sería muy largo. Pero por
muy largo que fuese, podría tal vez durar años, será un instante comparado con la eternidad.
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