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CAPÍTULO 29.
—Señor Kachka —sonó la dulce voz de Fatma al otro lado del
auricular.
—Sí. Dime Fatma —respondió el abogado a tan inesperada lla-
mada— ¿Ocurre algo?
La voz de la joven sonaba rota. Intentando contener el llanto sin
conseguirlo le dijo al abogado.
—Tengo un problema. Necesito su ayuda.
—¿Qué te ha ocurrido?
—La señora Maher ha muerto.
Por un momento se hizo el silencio al otro lado de la línea. David
Kachka no sabía qué decir. Comprendió al instante cual debía ser
el estado de ánimo de la becaria, pero no encontraba las palabras
adecuadas para responderle. Tras unos segundos de incertidumbre,
el veterano abogado consiguió articular un escueto «lo siento». La
noticia lo había dejado frío y sin capacidad de reacción.
Ya sobrepuesto a la primera impresión se interesó por lo ocurri-
do.
—¿Cuándo ha sido? ¿Cómo ha sucedido?
—La hemos enterrado hace tan sólo unas horas. Ayer por la ma-
ñana la encontré muerta en su cuarto.
—¿Se sabe cómo murió?
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