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CAMINO DE SERVIDUMBRE

                  necesidad de usar este poder para destruir nuestra más preciosa herencia: la
                  libertad. Lo cual significa que si deseamos conservarla debemos defenderla
                  más celosamente que nunca, y tenemos que prepararnos para hacer sacrifi-
                  cios por ella. Si bien no hay nada en el desarrollo tecnológico moderno que
                  nos fuerce a una planificación económica global, hay, sin embargo, mucho
                  en él que hace infinitamente más peligroso el poder que alcanzaría una auto-
                  ridad planificadora.

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                     Si escasamente puede ya dudarse que el movimiento hacia la planifica-
                  ción es el resultado de una acción deliberada, y que no hay exigencias exter-
                  nas que a él nos fuercen, merece la pena averiguar por qué tan gran propor-
                  ción de técnicos milita en las primeras filas de los planificadores. La explicación
                  de este fenómeno está muy relacionada con un hecho importante que los
                  críticos de la planificación deberían tener siempre en la mente: apenas cabe
                  dudar que casi todos los ideales técnicos de nuestros expertos se podrían reali-
                  zar dentro de un tiempo relativamente breve, si lograrlo fuera el único fin
                  de la Humanidad. Hay un infinito número de cosas buenas que todos esta-
                  mos de acuerdo en considerar altamente deseables y a la vez posibles, pero
                  de las cuales sólo al logro de unas cuantas podemos aspirar dentro de nues-
                  tra vida,o sólo hemos de aspirar a lograrlas muy imperfectamente.Es la frus-
                  tración de sus ambiciones en su propio campo lo que hace al especialista revol-
                  verse contra el orden existente.A cualquiera le duele ver cosas sin hacer que
                  todos consideramos deseables y posibles. Que todas estas cosas no puedan
                  hacerse al mismo tiempo, que una cualquiera de ellas no pueda lograrse sin
                  el sacrificio de otras, sólo se comprenderá si se tienen en cuenta factores que
                  caen fuera de todo especialista y únicamente pueden apreciarse con un pe-
                  noso esfuerzo intelectual; penoso, porque nos obliga a considerar sobre un
                  fondo más amplio los objetos a los que se dirigen la mayor parte de nues-
                  tros esfuerzos y a contrapesarlos con otros que quedan fuera de nuestro in-
                  terés inmediato y que, por esta razón, nos importan menos.
                     Cada uno de los múltiples fines que,considerados aisladamente,sería po-
                  sible alcanzar en una sociedad planificada, crea entusiastas de la planifica-
                  ción, que confían en su capacidad para infundir a los directores de aquella

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