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Vocación y ética 1 33
tingencias que la vida social suscita a
cada instante y que no se pueden re
solver más que eludiendo la realidad.
Esta calidad como normal de las
mentiras habituales se debe, pues, no
sólo a su frecuencia, sino a su necesi
dad. Sin saberlo, mentimos porque la
vida obliga a ello. Si el invitado expli
case ante la reunión su retraso porque
había reñido con su mujer, se mofa
rían de él los demás; y prefiere decir,
sin considerarlo como mentira, que se
le paró el automóvil. Si la señora de la
casa dijese que le molestaba la presen
cia de sus huéspedes, acabaría la re
unión como el rosario de la aurora; y
cree su deber declarar que son adora
bles. Se concibe que en el comienzo del
mundo habría durante unos años hom
bres que no mentirían jamás; pero,