Page 287 - Abrázame Fuerte
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esperan que Silvia se decida, pero entonces suena el horrible timbre del instituto.
      ¡Es hora de entrar en clase!
        « ¡Salvada por la campana!» , piensa Silvia.
        Nunca mejor dicho.

      Poco después
      Marcos camina rápido, de nuevo volverá a llegar tarde a clase de matemáticas
      con la Sargento. La primera clase del lunes y ¿tiene que ser la de matemáticas?
      ¿Alguien piensa en la salud mental de los alumnos? Si llegas tarde, la Sargento
      suele  interrumpir  la  clase  y,  desde  la  pizarra,  te  hace  quedar  en  evidencia.
      Marcos  ya  lo  ha  visto  con  algunos  compañeros  y  también  lo  vivió  en  carne
      propia una vez. En esa ocasión, la Sargento le dijo: « El día en que resuelvas la
      ecuación de tus cabellos, te sabrás peinar. Entonces serás capaz de llegar pronto a
      clase» . Sus compañeros se rieron de él.
        Desde ese día el chico ha conseguido ser puntual, pero hoy le ha resultado
      imposible.  Ha  querido  disfrutar  de  ese  buen  momento  con  su  madre.  Camina
      rápido  y  mira  el  reloj.  ¡Perfecto!,  un  cuarto  de  hora  tarde.  Decide  apretar  el
      paso. Es curioso, cuando uno llega tarde al instituto no es necesario mirar el reloj,
      le basta con echar un vistazo a la calle y la entrada del centro, y ya lo sabe:
      ambas están desiertas. Los únicos transeúntes son jubilados que pasean al perro y
      transportistas que sirven los pedidos a los supermercados.
        Encuentra cerradas las puertas del centro. Toca el timbre. El conserje le abre
      y  Marcos  sube  de  dos  en  dos  la  escalera  trotando  como  si  fuera  un  caballo
      salvaje hacia el aula. Cuando está delante de la puerta, respira hondo un par de
      veces. No quiere llegar resoplando y darle un motivo de burla a la Sargento. El
      chico  posa  la  mano  en  la  manija.  « Tres…  dos…  uno…  ¡Bienvenido  al
      infierno!» , se dice a sí mismo mientras abre la puerta.
        Toda la clase lo mira. La Sargento detiene su explicación y lo mira también.
      Marcos espera su comentario más cruel.
        —¿Sabe usted que hace matemáticas con la música? —le insta la profesora.
        Marcos calla ante la mirada sonriente de sus compañeros. No entiende muy
      bien la pregunta, y está convencido de que es una trampa.
        —No…
        —La actuación de ayer fue excelente. No esperaba menos de usted.
        En  silencio,  el  chico  se  dirige  a  su  pupitre.  Al  pasar  por  las  mesas,  tres
      compañeros le palmean el brazo. Al sentarse, el alumno que se sienta detrás de él
      le da un par de golpecitos en la espalda. La Sargento continúa la clase.
        —Como iba diciendo… Hoy haremos un stop en nuestro temario. Vamos a
      dedicarle la clase a usted. —Se dirige a Marcos, que aún no ha tenido tiempo de
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