Page 101 - 12 Kepler
P. 101
ojo humano y no representa nada intrínsecamente relacionado
con el tamaño verdadero de las estrellas. También puede resultar
curioso hoy que se haga mención a un éter absorbente. El éter
sería lo que hoy llamamos medio interestelar. Tycho había su-
puesto que la estrella nova que él estudió se había formado por
condensación de este éter interestelar, idea que había convencido
a Kepler. El nacimiento de las estrellas por colapso del medio in-
terestelar, como hoy se concibe, está en razonable acuerdo con la
hipótesis de Tycho.
Pero Kepler rechaza que este éter absorba la luz de las estre-
llas porque la «forma» y el color de las estrellas no se modifican.
Hoy sabemos que el medio interestelar contiene polvo absorbente,
aunque la posible existencia de materia absorbente intergaláctica
no puede explicar la paradoja de Olbers: la materia absorbente se
iría calentando y acabaría emitiendo tanto como absorbiera.
¿A qué distancia está el «muro» de las estrellas fijas? En aque-
llos tiempos era imposible saberlo. Sin embargo, en esta sustan-
ciosa carta-libro se hace un cálculo. Se dice que la distancia a las
estrellas fijas es tres mil veces la órbita de Saturno (sin especificar
de dónde sale este número) y que la órbita de Saturno es diez
veces mayor que la de la Tierra (básicamente correcto). De alú se
deduce que las estrellas fijas han de estar a 3-10 UA (recordemos
4
que 1 UA es la distancia media Sol-Tierra). Las estrellas que ve-
mos, las más representativas, están como a 10 parsec, lo que equi-
vale a 2 -10 UA. Una diferencia de un orden de magnitud no está
6
nada mal. ¿Sonó la flauta por casualidad? En realidad, en aquella
época era imposible encontrar la paralaje de una estrella, es decir,
obtener la distancia de una estrella por medio de una triangula-
ción, pero ¿podía obtenerse la distancia típica a las estrellas que
vemos por otros métodos?
La discusión es, como vemos, de todas formas, muy estimu-
lante y aleccionadora, mostrándonos cómo los conceptos que hoy
tomamos como bien sabidos tuvieron que llegar a consolidarse a
base de palos de ciego. Palos de ciego podrían ser, efectivamente,
los intentos desesperados de un astrónomo casi ciego ( o con una
visión tan defectuosa que Sirio le parecía del tamaño de la Luna)
para escudriñar los objetos por debajo del minuto de arco. Mu-
EL ASTROFÍSICO 101