Page 73 - Bochaca Oriol, Joaquín Democracia show
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de quitarles cada vez más a las gentes que producen riqueza, con objeto de mantener cada vez
                  mejor a un número cada vez mayor de Funcionarios y de colmar el déficit endémico de un sector
                  público cada vez más inepto. Todas las experiencias marxistas en este Planeta se resumen a esto.

                     Empero, la literatura igualitaria es muy útil. Sirve para soliviantar a la opinión contra las gentes a
                  las que se expolia. Esas gentes, para mayor inri, sólo son industriales, comerciantes, artesanos
                  libres y propietarios del agro; nunca son banqueros; nunca son financieros. Siempre productores
                  de riqueza. Contra esos productores se azuza la ignorancia de las masas.    Luego, en nombre de
                  la justicia social, de la solidaridad humana, de la democracia, o lo que sea, se les dice, mientras se
                  les arrebata la cartera Debierais avergonzaros de haber trabajado por el dinero que os quitamos.
                  Estas gentes no son sólo los ricos. Se cree que el Marxismo combate a los ricos para beneficiar a
                  los pobres. Por tal motivo aparece como fundamentalmente generoso y es tan ingrata la crítica
                  contra él. Pero su principal objetivo no es suprimir a los ricos. Tampoco es enriquecer a los pobres.
                  Es aniquilar la resistencia en las clases motrices. El Marxismo lleva a cabo un combate contra
                  todos los europeos, contra todos los occidentales, ricos, de media fortuna e incluso pobres, que
                  pertenecen al sector privado y cuyo trabajo produce riqueza, para obligarles a aceptar que una
                  parte cada vez mayor del producto de sus esfuerzos revierta al Estado, al Monstruo frío, a sus
                  oficinas, a sus departamentos, a sus organismos de control y de asistencia, al funcionariado y al
                  sector público. Se trata de una verdadera lucha de clases. Tienen razón los marxistas cuando tal
                  afirman. Pero no de la lucha de clases que comúnmente se cree.

                  Tenemos el ejemplo en Francia, cuyo régimen socialista se enorgullece de proclamarse marxista y
                  en cuyo gobierno figuran cuatro comunistas oficiales y, por lo menos, otros dos muy sospechosos
                  de serlo de matute. En Francia hay, hoy día, cuatro millones de funcionarios, lo que supone un
                  récord europeo. Casi tres millones y medio de esos funcionarios están sindicados. La riqueza
                  nacional es producida por otros veinte millones de franceses, entre los cuales sólo un quince por
                  ciento están sindicados (12l), lo que también significa un récord europeo.Y aún las dos terceras
                  partes de esos sindicados pertenecen a empresas nacionalizadas.    Es decir, que sólo un 5 por
                  ciento de los franceses que trabajan fuera de la órbita del Estado están sindicados, mientras el 88
                  por ciento de los funcionarios, en cambio, sí lo están. Esto significa que un enorme trasto, una
                  estructura fenomenal -Estado, sector público y sindicatos- debe literalmente su existencia al trabajo
                  de los demás ciudadanos y así prolifera, aumenta su poderío, su autoridad y sus privilegios
                  exigiendo insaciablemente, más tajada de la renta nacional. Esta estructura pretende cínicamente
                  que encarna y expresa el pueblo de izquierdas.    Es una impostura. Es sólo una impostura. Es sólo
                  una manera de idealizar a una vasta oligarquía para la cual el estatismo, el centralismo y el
                  sindicalismo son unos medios para confiscar, manipular, absorber, bajo el manido pretexto de la
                  redistribución de la riqueza y de la Igualdad, el fruto del trabajo productivo de la nación ( 122).



                  El Marxismo es una herramienta de trabajo. Exactamente, una herramienta de combate contra el
                  pueblo a quien se le impone. Una herramienta ideológica. En Francia, los impuestos obligatorios, a
                  la base, en cualquier sociedad, en cualquier actividad, grande o pequeña, son del orden del 50 por
                  ciento. Luego vienen los arbitrios y cotizaciones municipales, las multas y las mejoras sociales
                  bautizadas así por las necesidades de la causa pero que representan un gasto suplementario. Y
                  luego, a la hora de repartir los beneficios generados A PESAR DEL ESTADO PROVIDENCIA el
                  impuesto sobre los beneficios que es, además, progresivo, de manera que en Francia por diversos
                  conceptos el Estado puede llegar a quedarse hasta el 91'5 de lo que se ha ganado honradamente;
                  en Suecia el 94 y en Inglaterra, a pesar del frenazo dado por los conservadores, el 93.    Es una
                  expropiación legal y a nadie puede extrañar que ante la agresión de que es objeto el trabajo
                  productivo y su hija legítima, la Propiedad, las gentes que no están encuadradas en el Sistema
                  Marxista busquen defenderse por los medios que el omnipotente monstruo frío no pueda
                  contrarrestar. Y así sucede que proliferan las transacciones subterráneas, los pagos debajo de la
                  mesa, los servicios sin factura y la honorabilidad desaparece paulatinamente de la vida cotidiana,
                  pues sería estúpido pedir que ante una agresión como la que sufre el ciudadano no enchufado éste
                  tuviera, además, que luchar con el lirio en la mano. Con este loco Sistema que fatalmente debe
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