Page 211 - El judío internacional
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se levantan, en la Cámara de los Comunes, para pedir cuentas de lo que sucede en este Instituto?
                  Esto ocurriría en mi tierra". "¡Ah! - repuso - es que la mayoría de ellos son importantes deudores
                  del Banco. Por parte de estos, no hay nunca dificultades".

                                                            XXIV
                           LA INFLUENCIA HEBREA EN LA VIDA INTELECTUAL NORTEAMERICANA

                  "Aparece la cuestión judía allí donde los judíos hacen acto de presencia", dice Teodoro Herzl,
                  "porque ellos mismos la provocan". No es su número el que la provoca, porque en casi todos los
                  países residen, numéricamente, más extranjeros de otra procedencia, que hebreos. No resulta
                  tampoco de las tan celebradas facultades superiores judías, porque se vio que en todas partes
                  donde el judío se halla en la necesidad de competir con otros pueblos en las mismas condiciones de
                  trabajo honesto, no se advierte absolutamente nada de dichas facultades superiores. Únicamente al
                  quitárseles la posibilidad de muchos ardides, se enfría notablemente el celo y la actividad en
                  muchos hebreos.

                  La cuestión hebrea en Norteamérica no se basa ni en el número de los judíos, ni en la envidia de
                  los yanquis por los éxitos de los judíos, sino que nace de la influencia hebrea sobre todas las
                  manifestaciones de la vida yanqui. El hecho de ejercer tal influencia, lo confirman con orgullo ellos
                  mismos. Pero si nos dicen que ellos "nos dieron nuestra Biblia", que procede "de ellos nuestra
                  religión y nuestro Dios" y en todo esto no hay un átomo de verdad, tampoco deberían enfadarse
                  cuando nosotros nos dedicamos a completar la lista de sus verdaderas influencias.

                  Proceden estas influencias de la idea judaica, no del pueblo hebreo, pues este es solo el portador
                  de dicha idea. Representa esta idea la mas grosera forma del materialismo, y se demuestra sobre
                  todo en el ter eno del trabajo. Manifestarse en la forma de una expropiación de valores reales r
                  producto del trabajo, a favor de valores ficticios. La filosofía hebrea aplicada no consiste en crear
                  valores, sino en amasar dinero, lo que constituye una diferencia fundamental. Se explica de ahí, por
                  ejemplo, que los hebreos no sean jamás "capitanes de industria", sino siempre "financistas". En
                  suma que existe una diferencia entre "producir" y "recoger".

                  El trabajo intelectual creador, productivo, se siente atraído por su correspondiente trabajo físico,
                  estando ambos íntimamente ligados entre si. El trabajador no-judío decidióse antiguamente por su
                  oficio, según sus inclinaciones. Solo muy difícilmente resolvióse a abandonarlo, porque entre el y su
                  obra existía un lazo espiritual. Prefirió ganancias menores solo por seguir en su oficio, antes que
                  ganar mucho dinero en otros trabajos que interiormente le eran ajenos. El productor esta ligado a
                  su producto. Su trabajo es para el, no solo una fuente de ingresos, sino también una vocación
                  interior.

                  No así el que recoge. A este poco le importa la ocupación con tal de que le rinda dinero. No existen
                  lazos internos, sentimientos, aficiones, sacrificios. La obra a la cual se dedica no renunciaría
                  totalmente a toda producción, pues prefiere comerciar con valores y obras producidas por otros,
                  interesándole de ellas únicamente la utilidad que pueda extraer.

                  Existió otrora también un orgullo de profesión. Los que producían fueron de temple honrado. Se
                  acrisolaba su carácter en la conciencia de que eran ellos mismos una parte útil de la sociedad; en
                  una palabra: era "productores". Y fue la sociedad sana y vigorosa en tanto este orgullo productor
                  reconocíase como algo honroso. El zapatero experimentaba satisfacción y orgullo ante un par de
                  botas que le habían salido bien. El campesino se sacrificaba a su labor, sin mirar de soslayo al
                  lejano "mercado de cereales", ni al precio constante y sonante como recompensa de su trabajo. Por
                  doquier resulto ser la obra lo principal; el resto era secundario.

                  Consistió el único medio de destruir estos sólidos fundamentos de la sociedad natural en divulgar







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