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Probablemente se excitó al hacerlo. Apostaría a que fue Garton, aunque jamás
podremos probarlo. Y faltaba el lóbulo de una oreja.
Boutillier se interrumpió fulminando a Harold con la mirada.
--Si dejamos que aparezca esa historia del payaso, será imposible encarcelarlos.
¿Eso es lo que deseas?
--El tipo era un marica, pero no hacía daño a nadie -agregó Boutillier-. Y esas
tres lacras sociales, con sus botas militares, le quitaron la vida. Los quiero en la
cárcel, amigo. Y si me entero de que les dan por el culo en Thomaston, les enviaré
una tarjeta diciéndoles que ojalá les hayan contagiado el sida.
"Muy impresionante -pensó Gardener-. Y esas condenas quedarán muy bien en
tu currículum cuando te presentes para fiscal de distrito dentro de dos años."
Pero se marchó sin decir más, porque él también quería verlos entre rejas.
18.
John Webber Garton fue declarado culpable de homicidio en primer grado y
sentenciado a una pena de diez a veinte años en el presidio de Thomaston.
Steven Bishoff Dubay, convicto de homicidio en primer grado, recibió una
condena de quince años en la cárcel de Shawshank.
Christopher Philip Unwin fue juzgado aparte, como delincuente juvenil y
declarado culpable de homicidio en segundo grado. Fue sentenciado a seis meses
en el correccional de South Windham, y quedó en libertad provisional.
Las tres sentencias fueron recurridas. A Garton y a Dubay se les puede ver, en
un día cualquiera, mirando a las chicas o paseando por Bassey Park, no lejos del
sitio donde apareció el cadáver desgarrado de Mellon, flotando contra uno de los
pilares, bajo el puente de Main Street.
Don Hagarty y Chris Unwin abandonaron la ciudad.
En el juicio principal, el de Garton y Dubay, nadie mencionó la existencia de un
payaso.
III. Seis llamadas telefónicas.
1. (1985) Astanley Uris toma un baño.
Patricia Uris diría más tarde a su madre que algo iba mal y ella debía haberlo
sabido. Debía haberlo sabido, dijo, porque Stanley nunca se bañaba al anochecer.
Tomaba una ducha por la mañana temprano y, a veces, un largo baño de
inmersión por la noche con una revista en una mano y una cerveza fría en la otra.
Pero los baños a las siete de la tarde no eran su estilo.
Además, estaba aquello de los libros. Stanley tendría que haber quedado
encantado con eso; sin embargo, por algún motivo que ella no llegaba a
comprender, parecía preocupado y deprimido. Unos tres meses antes de aquella
noche terrible, Stanley había descubierto que un amigo de su infancia era escritor,
pero no escritor de verdad, dijo Patricia a su madre, sino novelista. El nombre