Page 73 - El Terror de 1824
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EL  TERROR  DE   1824  69
      dia,  porque  estás  en  la  morada  de  los  héroes
      y  de  los  elegidos;  pero  tu  padre  no  tiene  con-
            suelo, ni  puede  vivir  sin  verte...
        Derramó  algunas  lágrimas,  y  por  largo  rato
      «estuvo  silencioso  y  cabizbajo,  dando  muestras
      de  verdadero  dolor.  Soledad,  ocupada  en  sus
      quehaceres,  no  se  presentó  á  él  sino  á  la  hora
      de  la  comida.
        — Supongo  que  no  saldrá  usted  hasta  des-
          pués de  comer, — le  dijo  poniendo  la  mesa.
        — Saldré  antes,  ahora  mismo,  señora— dijo
      Sarmiento  irguiéndose  súbitamente  como  un
     .asta  de  bandera.— El  peso  de  la  vida  me  es
      insoportable.  Una  voz  secreta  me  grita:  «An-
         da, corre...»  Todo  mi  sér  avanza  en  pos  de  la
      gloria  que  me  está  destinada,
        — ]Cuánto  mejor  irá  usted  después  de  co-
            mer!... ¿Es  que  desprecia  usted  mi  mesa?
        — |Oh!  no,  señora,  de  ningún  modo — repli-
        có Sarmiento  con  cortesía; — pero  conste  que
      eólo  por  acompañar  á  usted...
        Comieron  tranquilamente,  siendo  de  notar
      que  el  espiritual  D.  Patricio,  creyendo  sin  du-
         da inconveniente  el  aventurarse  por  los  idea-
         les senderos  con  el  estómago  vacío,  dióse  prisa
      á  llenarlo  de  cuanto  la  mesa  sustentaba.
        —  iQuó  buena  comida! — dijo  permitiendo  á
      su  paladar  aquel  desliz  de  sensualismo. — ]Qaé
      bien  hecho  todo,  y  con  cuánto  primor  presen-
           tado! Sólita,  si  usted  se  casa,  su  marido  de
      usted  será  el  más  feliz  de  los  hombres.
        Al  final  de  la  comida,  los  ojos  de  D.  Patri-
         cio brillaron  con  resplandores  de  gozo,  viendo
      tina  taza  llena  de  negro  licor.
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