Page 77 - El Terror de 1824
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EL  TSRROR  DE  18'24    73
       —¿Se  atreverá  usted?
       — Sí;  déme  usted  la  llave  de  esa  puerta  ne-
          fanda— contestó  Sarmiento  con  énfasis  petu-
          lante que  no  tenía  nada  de  temible, — ó  se  arre-
            pentirá de  su  crimen...  porque  esto  es  un  cri-
           men... ¡La  llave,  la  llave!
       — Ahora  lo  veremos.
       Corriendo  afuera,  prontamente  volvió  Sola
     con  un  palo  de  escoba,  y  enarbolándolo  fren-
        te á  D.  Patricio,  le  hizo  retroceder  algunos
     pasos.
       — Aquí  están  mis  llaves,  picaro,  vagabundo.
     O  renuncia  usted  á  salir,  o  le  rompo  la  cabeza.
       — Señora — exclamó  D.  Patricio  acorralado
     en  un  ángulo  de  la  sala. — No  abuse  usted  de
     {¿i  delicadeza  ,,  de  mi  dignidad,  que  me  im-
         pide poner  la  férrea  mano  sobre  una  hembra...
     (Esto  es  un  ardid,  pero  qué  ardid!...  una  tra-
         ma verdaderamente  absolutista.
       — Siéntese  usted — gritó  Soledad  contenien-
        do la  risa  y  sin  dejar  el  argumento  de  caña. —
     Fuera  el  sombrero.
       — Vaya,  me  siento  y  me  descubro — repuso
     Sarmiento  con  la  sumisión  del  esclavo. — ¿Qué
     más?
       — ¿Se  compromete  usted  á  no  salir  en  quin-
        ce días?
       — Jamás,  jamás,  jamás.  Antes  la  muerte —
     murmuró  cerrando  los  ojos. — Pegue  usted.
       — Esto  es  una  broma — dijo  Soledad  arro-
           jando el  palo,  sentándose  junto  al  anciano  y
     poniéndole  la  mano  amorosamente  sobre  el
     hombro.— ¿Cómo  había  yo  de  castigar  al  pobre
     viejecito  demente    miserable  que  se  pasa  la
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