Page 82 - El Terror de 1824
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78 B. PÉREZ GALDÓS
mostraba una prolijidad desusada, esmerándo-
se eu transmitir á su alumna sus altos princi-
pios caligráficos, la primorosa maestría de eje-
cución que poseía y de que estaba tan orgu-
lloso.
—Desde que el mundo es mundo — decía
observando los trazos hechos por Soledad so-
bre el papel pautado, — no se han dado leccio-
nes con tanto esmero. Hanse reunido, para
producir colosales efectos, la disposición inna-
ta de la discípula y la destreza del maestro.
Ahora bieu, señora y carcelera mía: la justicio
y el agradecimiento piden que eu pago de es-
te beneficio me conceda usted la libertad, que
«es mi elemento, mi vida, mi atmósfera.
— Bueno — respondió Sola, — cuando sepa
escribir te abriré la puerta, viejecillo bobo.
En los primeros días de Noviembre estuvo
muy tranquilo, apenas dio señales de persistir
en su diabólica manía, y se le vió reir y aun
modular entre dientes alegres cancioncillas;
pero el 7 del mismo mes llegaron á su encie-
rro, no se sabe cómo (sin duda por el agua-
dor ó la indiscreta criada), nuevas del suplicio
de Riego, y entonces la imaginación mal con-
tení Ja de D. Patricio perdió los estribos. Fu-
rioso y desatinado, corría por toda la casa
gritando:
— ]Esperad, verdugos, que allá voy yo tam-
bién! No será él solo... Esperad, hacedme un
puesto en esa horca gloriosa... [Maldito sea el
<jue quiera arrancarme mis legítimos laureles!
Soledad tuvo miedo; mas sobreponiéndose á
todo, logró contenerle con no poco trabajo y