Page 85 - El Terror de 1824
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EL  TERROR  DE   1824  8  i
    zas  ocasionadas  por  un  fanatismo  brutal,  y  la
    irritación  y  acritud  que  en  él  produjera  la  gran
    enfermedad  de  la  vida,  que  es  la  miseria.  A  las
    ocupaciones  no  muy  trabajosas  de  hacer  ci-
            garrillos y  cuidar  el  pájaro,  anadió  Soledad
    otras  que  entretenían  más  á  Sarmiento,  Como
    no  carecía  do  habilidad  de  manos  y  había  he-
              rramientas en  la  casa,  todos  los  muebles  que
    tenían  desperfectos  y  todas  las  sillas  que  clau-
           dicaban recibieron  compostura.  En  la  cocina
    so  pusieron  vasares  nuevos  de  tablas;  después
    nunca  faltaba  una  percha  que  asegurar,  una
    cortina  que  suspender,  lámpara  que  colgar,
    lamina  que  mudar  de  sitio  ó  madeja  de  algo-
        dón que  devanar.
      Llegó  el  invierno,  y  la  sala  se  abrigaba  to-
       das las  noches  con  hermoso  brasero  de  cisco
    bien  pasado,  en  cuya  tarima  ponía  los  pies  el
    vagabundo,  inclinándose  sobre  el  rescoldo  sin
    soltar  de  la  mano  la  badila.  Era  notable  Don
    Patricio  en  el  arte  de  arreglar  el  brasero,  y  de
    ello  se  preciaba.  Su  conocimiento  de  la  tem-
            peratura teníale  muy  orgulloso,  y  cuando  el
    brasero  empezaba  á  desempeñar  sus  funcio-
        nes, el  patriota  extendía  la  mano  como  para
    palpar  el  aire  y  decía:  «Ya  principia  á  tomar
    caloría  habitación...  Va  aumentando...  Un
    poquito  más,  y  tendremos  bastante.  Yo  no  ne-
         cesito más  termómetro  que  la  yema  del  dedo
    meñique. »
      Más  de  una  vez  dijo,  repitiendo  una  idea
    antigua.
      — Desde  el  tiempo  de  mi  Refugio  no  había
    visto  yo  un  brasero  tan  bueno.
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