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Rococó,  clasicismo y  romanticismo








                    románticas, pero el arte de Occidente sigue siendo «romántico». El


                    romanticismo fue  no sólo un  movimiento general  de  toda  Europa,


                    que abarcó una nación tras otra y creó un lenguaje literario univer­



                    sal,  el cual era al fin tan comprensible en Rusia y  Polonia como en


                    Inglaterra y Francia, sino que acreditó ser al mismo tiempo  una de


                    aquellas  tendencias que,  como el naturalismo del gótico o el clasi­


                    cismo  del  Renacimiento,  han continuado siendo  un  factor perma­



                    nente en el  desarrollo del arte.  Efectivamente, no hay producto del


                    arte moderno,  no hay  impulso emocional, no  hay impresión o dis­


                    posición de ánimo del  hombre moderno, que  no deba su sutileza y



                    su variedad a  la sensibilidad  nerviosa que  tiene  su origen en el  ro­


                    manticismo. Toda la exuberancia, la anarquía y la violencia del arte


                    moderno, su lirismo ebrio y balbuciente,  su exhibicionismo desen­


                    frenado  y  desconsiderado proceden  del  romanticismo.  Y esta acti­



                    tud  subjetiva  y  egocéntrica  se  ha  vuelto  para  nosotros  tan  obvia,


                    tan indispensable,  que  no podemos  ni siquiera reproducir una aso­


                    ciación abstracta de ideas sin hablar de nuestros sentimientos 172. La



                    pasión  intelectual,  el  fervor de  la  razón,  la productividad  artística


                    del  racionalismo han caído tan profundamente en el olvido que no


                    podemos  concebir el arte clásico sino como  expresión de  un  senti­


                    miento romántico.  «Seuls  les  romantiques savent  lire  les  ouvrages



                    classiques, parce qu’ils les lisent comme ils ont été écrits, romanti-


                    quement», dice Marcel  Proust  t73.


                               Todo el  siglo  XX dependió  artísticamente  del  romanticismo,



                    pero  el  romanticismo  mismo  era  todavía  un  producto  del  siglo


                    XVIII  y  nunca perdió la conciencia de  su  carácter transitorio y de


                    su  posición  históricamente  problemática.  Occidente  había  pa­


                    sado  muchas  otras  crisis  —semejantes  y  más  graves-,  pero  nunca



                     había  tenido  tan  agudo  el  sentimiento  de  estar  en  un  momento


                    crucial de su desarrollo.  Esta no era en modo alguno la primera vez


                    que una generación adoptaba una actitud crítica frente a su propio



                     momento histórico y rehusaba las formas culturales heredadas por­


                    que  era  incapaz  de  expresar en  ellas  su  propio  sentido  de  la  vida.


                     Hubo  también  antes  generaciones  que  tuvieron  el  sentimiento  de




                               ]7i G. Lanson, op.  cit.,  pág.  943.


                               I7'  Marcel  Proust, Pastisches et mélanges,  1919, pág.  267.





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