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Historia social de la literatura y ei arte
perimentado, como parte de su destino personal, la decadencia de
la cultura antigua y la aparición de la nueva. La conciencia román
tica de la historicidad de toda la vida social era tan profunda que
incluso las clases conservadoras, cuando querían fundamentar sus
privilegios, sólo podían aducir ya argumentos históricos, y apoya
ban sus exigencias en la longevidad de éstos y en su enraizamlento
en la cultura histórica de la nación. Pero la concepción histórica del
mundo no fue en modo alguno creación del conservadurismo, como
se ha afirmado repetidamente; las clases conservadoras se la apro
piaron simplemente y la desarrollaron en una dirección especial,
opuesta a su sentido originario. La burguesía progresista descubrió
en el origen histórico de las instituciones sociales un argumento
contra su valor absoluto; las clases conservadoras, por el contrario,
que no podían apoyarse para el establecimiento de sus privilegios
en otra cosa que en sus «derechos históricos», en su antigüedad y
en su prioridad, dieron al historicismo un nuevo sentido: disimu
laron la antítesis entre historicidad y validez supratemporal, pero
crearon un antagonismo entre el acaecer histórico y el crecimiento
progresivo, por una parre, y el acto de volición espontáneo, racio
nal y reformador, por otra. La antítesis ahora no era entre tiempo y
atemporalidad, entre historia y ser absoluto, ley positiva y ley na
tural, sino entre «desarrollo orgánico» y capricho individual.
La historia se convierte en el refugio de todos los elementos
sociales desavenidos con su propio tiempo, amenazados en su exis
tencia espiritual o material; en refugio, sobre todo, de ia intelec
tualidad que no sólo en Alemania, sino también en ios países de
Europa occidental se siente defraudada en sus esperanzas y burlada
en sus derechos. La falta de influencia sobre el desarrollo político,
que había sido hasta ahora el destino de la intelectualidad alema
na, se convierte en el destino de la intelectualidad de toda Euro
pa occidental. La Revolución y la Ilustración habían alentado al in
dividuo con exageradas esperanzas; parecían garantizarle el
dominio ilimitado de la razón y la autoridad absoluta de escritores
y pensadores. En el siglo XVIII los escritores eran los guías inte
lectuales de Occidente; eran el elemento dinámico que estaba de
trás del movimiento reformador, representaban el ideal de perso
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