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Historia social de la literatura y el arte
unos de otros, más interesante que ia adaptación mutua. A pesar de
todo, el romanticismo, tanto en Francia como en Alemania, está ca
racterizado por una profunda concepción de comunidad y una fuer
ce tendencia al colectivismo. Los románticos pasan su vida en un
común filosofar, escribir, criticar y discutir, y encuentran el senti
do más profundo de la vida en las relaciones de amor y amistad;
fundan revistas, publican anuarios y antologías, dan lecturas y cur
sos, hacen propaganda de sí y de otros, y buscan, en una palabra, la
unión, aunque este afán por la simbiosis no es más que el reverso
de su individualismo y la compensación de su soledad y su desa
rraigo.
La cristalización del romanticismo francés en un grupo uni
forme se realiza al mismo tiempo que la vuelta de la opinión pú
blica hacia el liberalismo. Hacia 1824, ei Giobe comienza a sonar
con nuevas notas, y ésta es también la fecha de las primeras reu
niones reguladas en el Arsenal. Es cierto que los románticos más
conocidos, sobre todo Lamartine y Hugo, son todavía partidarios
del trono y la corona, pero el romanticismo, finalmente, deja de
ser clerical y monárquico. El cambio auténtico no ocurre hasta
1827, cuando Victor Hugo escribe ei famoso prólogo a su Crom-
well y expone, palmaria y claramente, su postulado de que el ro
manticismo es el liberalismo de la literatura. Este año se pueden
ver también en el Salón los cuadros de los pintores románticos re
levantes por primera vez en gran número; junto a doce pinturas
de Delacroix, se exhibían obras representativas de Devéria y Bou-
langer. El público se enfrenta con un amplio y compacto movi
miento que parece abarcar toda la vida intelectual y significar la
victoria definitiva del romanticismo. Este carácter universal co
rresponde también a la composición del nuevo cénacle en torno a
Victor Hugo, que es considerado en lo sucesivo el maestro de la
escuela romántica. Los escritores Deschamps, Vigny, Sainte-Beu-
ve, Dumas, Musset y Balzac; los pintores Delacroix, Devéria y
Boulanger; ios grabadores Johannot, Gigoux, Nanteuil, y el es
cultor David d ’Angers, se cuentan entre los huéspedes habituales
de la calle Notre-Dame-des-Champs. En este círculo lee Hugo en
1829 sus dramas Marión Delorme y Hernani. Es cierto que el gru
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