Page 220 - Hauser
P. 220

Rococó, clasicismo y  romanticismo








                      Htá mucho  más  cerca  del  antiguo  teatro popular  que  el  melodra­


                      ma  El período de  1815  a  1848 desarrolla una inaudita fecundidad


                      in este género,  al  cual,  además  de  las  innumerables  obras  de Scri-


                      bt, pertenecen un sinnúmero de pequeñas, ligeras y divertidas pie-



                      M>  y  piececillas.  Podemos  hacernos  una  idea  de  la  alarma  de  los


                      literatos  ante  la  extensión  y  el  éxito  de  estas  producciones  recor­


                     dando la reacción que acompañó la carrera triunfal del cine. La co­



                      media se había agotado durante la Revolución y la Restauración, de


                      Igual modo que la tragedia había demostrado ya antes ser estéril; y


                     ti  vaudeville surge como una forma corrompida y grosera de la co­


                      media,  lo  mismo  que  el  melodrama  era  una  forma  corrompida  y



                     grosera de la tragedia. Pero el vaudeville y el melodrama no signifi­


                     can en modo alguno el fin del drama,  sino, por el  contrario,  su re­


                     novación;  porque  el  drama  romántico  -la   forma  de  Hernani,  de



                      Hugo,  y  de  Antony,  de  D um as-  no  fue  otra cosa que  el  mélodrame


                     parvenú,  y el moderno drama de costumbres de los Augier,  Sardou


                     y  Dumas hijo, simplemente  una variedad del vaudeville 206.


                               Pixerécourt  escribió  entre  1798  y  1834  unas  ciento  veinte



                     obras,  algunas  de las cuales  fueron  representadas  muchas  miles de


                     veces.  El  melodrama  dominó  durante  tres  décadas  la  vida  teatral


                     de  París,  y su popularidad  no decayó sino después  de  1830,  cuan­



                     do el  nivel del gusto del  público  comenzó a elevarse,  y  la crudeza


                     de las obras, su falta de lógica, su insuficiente motivación y su len­


                     guaje  antinatural  parecieron  cada  vez  más  molestos.  Pero  los  ro­


                     mánticos sentían debilidad por el melodrama, y no sólo por hosti­



                     lidad  contra  los  estratos  conservadores  del  público  educado,  sino


                     también  porque,  como  consecuencia  de  su  mayor  falta  de princi­


                     pios,  mostraron  más  comprensión  para  las  cualidades  literarias  y



                     meramente  teatrales  de  este  género.  Charles  Nodier  se  declaró  en


                     seguida  partidario  entusiasta  del  melodrama  y  lo  llamó  «la  seule


                     tragédie populaire qui convienne á notre époque» 2t>7; y Paul Lacroix


                     designaba a Pixerécourt como el primer dramaturgo que puso fin al



                     proceso seguido por Beaumarchais, Diderot, Sedaine y Mercier 20B
                                                                                                                                                               .




                               296 Émile Faguet, Propos de théatre,  II,  1905, págs.  299 sigs.

                               207  W. J.  Hartog, op,  cit.,  pág.  51,


                               206 Ibid.





                                                                                       221
   215   216   217   218   219   220   221   222   223   224   225