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Rococó, clasicismo y romanticismo
r i aciones sin número y repeticiones sin fin. El desnudo en el arte se
luí hecho tan habitual que las «ingenuas» de Greu2e producen una
impresión erótica simplemente porque están vestidas otra vez. El
mismo ideal de belleza femenina ha cambiado y se ha hecho más
picante, más refinado. En el período del Barroco se preferían toda
vía mujeres maduras y exuberantes; ahora se pintan delicadas m u
chachas y frecuentemente casi niñas todavía. El rococó es un arte
erótico destinado a epicúreos ricos y gastados, es un medio para ele
var la capacidad de disfrute incluso allí donde la naturaleza ha
puesto un límite al placer. Hasta la llegada del arte de las ciases
medias, con el clasicismo y el romanticismo de David, de Géricault
y Deiacroix, no se pone otra vez de moda el tipo de mujer madura
« normal».
El rococó desarrolla una forma extrema de «el arte por el
arte»; su culto sensual de la belleza, despreocupado por ia expre
sión espiritual, su lenguaje formal alambicado, virtuosista, cuida
do y melodioso, sobrepasan todo alejandrinismo. Su «el arte por
el arte» es hasta cierto punto más auténtico y más espontáneo que el
del siglo XIX, pues no es un mero programa ni una mera exigen
cia, sino la actitud espontánea de una sociedad frívola, cansada y
pasiva, que quiere descansar en el arte. El rococó representa la úl
tima fase de una cultura social en la que el principio de belleza pre
domina de manera absoluta y en la cual «lo bello» y «lo artístico»
son todavía sinónimos. En la obra de Watteau, de Rameau y de
Marivaux, e incluso en la de Fragonard, Chardin y Mozart, todo es
«bello» y «melodioso». En Beethoven, David y Deiacroix ya no
ocurre así; el arte se vuelve activo, combativo, y el afán por lo ex
presivo viola la forma. Pero el rococó es también el último estilo
universal de Occidente; estilo que no sólo tiene validez generai y
que se mueve en todos los países de Europa dentro de un sistema
uniforme, sino universal también en el sentido de que es bien co
mún de todos los artistas bien dotados y puede ser aceptado por
ellos sin oposición. Después del rococó no hay canon formal algu
no, ya no hay una dirección estilística de validez generai semejan
te. Desde el siglo XIX la voluntad individual de cada artista se
hace tan personal que el artista tiene que luchar por conseguir sus
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