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Historia social  de  la  literatura y el arte







            mediante  un  continuo  autoengaño.  Porque  en  realidad  no  hay



            convención más rígida y de mentalidad más estrecha que la doctri­


            na del  surrealismo,  ni  arte  más  insípido y  monótono que  el  de  los


            surrealistas  declarados.  El  «método  automático  de  escritura»  es


            mucho menos elástico que  el estilo vigilado por la razón y  la esté­



            tica; y la mente inconsciente —o al menos lo que de ella es sacado a


            la luz- es mucho más pobre y simple que la consciente. La impor­


            tancia histórica del dadaísmo y el surrealismo no consiste, sin em ­



            bargo, en  las obras de sus representantes oficiales,  sino en el hecho


            de que éstos llamaron la atención sobre el callejón sin salida en que


            se encontró  metida  la literatura al  finalizar el movimiento  simbo­


            lista,  sobre  la esterilidad  de una convención  literaria que ya no te­



            nía  ningún  vínculo  con  la vida  real10.  Maliarmé  y  los  simbolistas


            pensaban que cada idea que se les ocurría era la expresión de su na­


            turaleza más íntima; era una creencia mística en «la magia de la pa­



            labra»  la que les hacía poetas. Ahora, los dadaístas y los surrealistas


            dudan de si algo objetivo externo, formal, racionalmente organiza­


            do,  es  capaz  de  expresar  de  algún  modo  al  hombre,  pero  dudan


            también del valor de tal expresión en absoluto. Es realmente «inad­




            misible»  -piensan—que  un  hombre haya de dejar huella detrás  de

            s í 11.  El  dadaísmo,  por  consiguiente,  sustituye  el  nihilismo  de  la


            cultura estética por un nuevo nihilismo, que no sólo pone en duda



            el valor del arte, sino el de la situación entera del hombre.  Porque,


            como se dice en  uno de sus  manifiestos,  «medida por el patrón de


            la eternidad,  toda acción humana es fútil» n.


                      Pero  la  tradición  de  Maliarmé  en  modo  alguno  se  termina.



           Los  «retóricos»  André Gide,  Paul Valéry, T.  S.  Eliot y el Rilke de


            los  últimos  tiempos  continúan  el  camino  del  simbolismo  a pesar


            de su afinidad con el surrealismo. Son los representantes de un arte



            difícil y exquisito,  creen en  «la magia de la palabra»,  su poesía se


            basa en el espíritu de la lengua,  la literatura y  la tradición.  U/ises,






                       10  jacqu es  Riviére, Reconnaissance a Dada,  en  «N ouvelie  Revue  Fran^aise»,  1920,

            XV, págs. 231  sigs.; Marcel Raymond, De Baudeiaire au sutréalisme,  1933, pág.  390.  (Ed.


            case,, De Baudelaire ai surrealismo.)

                       11 A ndré B retón, Les pas perdus,  1924.  <Ed.  cast., Los pasos perdidosJ

                       12  Triscan Tzara, Sept manifestes.dada}  1920.  (Ed.  cast., Siete manifiestos dada.)






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