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Bajo el signo del cine
porción de un cuadro, como, por ejemplo, las figuras en repoussoir
en una pintura barroca, las cuales introducen una calidad dinámi
ca en la pintura similar a la que crean los primeros planos en la es
tructura espacial de la película.
Pero como si el espacio y el tiempo en la película estuvieran
relacionados por ser intercambiables sus funciones, las relaciones
temporales adquieren un carácter casi espacial, lo mismo que el es
pacio se actualiza y adquiere unas características temporales; en
otras palabras, un cierto elemento de libertad se introduce en la su
cesión de sus momentos. En el medio temporal de una película nos
movemos de una manera que es tan sólo peculiar al espacio, es de
cir, completamente libres de escoger nuestra dirección, procedien
do de una fase temporal a otra, lo mismo que se pasa de una habi
tación a otra, desconectando cada una de las escenas en el desarrollo
de los acontecimientos y agrupándolas, generalmente hablando, se
gún los principios del orden espacial. En resumen, el tiempo pier
de aquí, por una parte, su ininterrumpida continuidad; por otra, su
dirección irreversible. Puede ser llevado a una detención: en pri
meros planos; ser invertido: en retrospecciones; repetido: en re
cuerdos; y superado: en visiones del futuro. Acontecimientos para
lelos simultáneos pueden ser mostrados sucesivamente, y
acontecimientos temporalmente distanciados, simultáneamente,
en doble exposición y montaje alternativo; el primero puede apa
recer después; el posterior, antes de su tiempo.
Esta concepción cinemática del tiempo tiene un carácter com
pletamente subjetivo y aparentemente irregular comparada con la
concepción empírica y dramática del mismo medio. El tiempo de
la realidad empírica es un orden uniformemente progresivo, inin
terrumpidamente continuo, absolutamente irreversible, en el cual
los acontecimientos se siguen los unos a los otros como si estuvie
ran «en una correa sin fin». Es verdad que el tiempo dramático no
es ni mucho menos idéntico al tiempo empírico -e l embarazo que
,
causa un reloj colocado en la escena viene de esta discrepancia— y
la unidad de tiempo prescrita por la dramaturgia neoclásica puede
incluso interpretarse como la eliminación fundamental del tiempo
ordinario; sin embargo, la relación temporal en el drama tiene más
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