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Bajo el signo del cine
nos hace recordar en las obras de Proust y joyce, Dos Passos y Vir
ginia Woolf, los cortes, flous e interpolaciones del cine, y es senci
llamente magia cinematográfica cuando Proust presenta dos inci
dentes, que pueden estar a treinta años de distancia, estrechamente
unidos, como si sólo hubiera entre uno y otro dos horas.
En Proust, el pasado y el presente, los sueños y los pensa
mientos se dan la mano a través de los intervalos de espacio y tiem
po; la sensibilidad, siempre sobre la pista de nuevos caminos, vaga
por el espacio y el tiempo, y los límites de espacio y tiempo se des
vanecen en esta corriente infinita y sin límites de las relaciones m u
tuas: todo esto corresponde exactamente a aquella mezcla de espa
cio y tiempo en que el cine se mueve. Proust nunca menciona
fechas ni edades; nunca sabemos exactamente qué edad tiene el hé
roe de su novela, e incluso la relación cronológica de los aconteci
mientos queda muchas veces más bien vaga. Las vivencias y acon
tecimientos no están unidos por razón de su proximidad en el
tiempo, y el intento de delimitarlos y disponerlos cronológica
mente sería desde su punto de vista tanto más absurdo cuanto que,
en su opinión, todo hombre tiene sus vivencias típicas que se repi
ten periódicamente. El muchacho, el joven y el hombre siempre
experimentan fundamentalmente las mismas cosas; el significado
de un incidente muchas veces no aparece en el horizonte hasta años
después de haberlo experimentado y sufrido; pero apenas puede
distinguir nunca el cúmulo de años que han pasado desde la vi
vencia a la hora presente en que está viviendo. ¿No es uno en cada
momento de su vida el mismo niño o el mismo inválido o el mis
mo extranjero solitario con los mismos nervios despiertos, sensiti
vos y no aplacados? ¿No es uno en cada situación de la vida la per
sona capaz de vivir esto y aquello, que posee en los rasgos que se
repiten de su vivencia la única protección contra el paso del tiem
po? ¿No ocurren todas nuestras vivencias como si existieran al mis
mo tiempo? Y esta simultaneidad, ¿no es realmente la negación del
tiempo? Y esta’ negación, ¿no es una lucha por recobrar aquella in
terioridad de que el tiempo y el espacio físicos nos privan?
Joyce lucha por la misma interioridad, por el mismo carácter
directo de la vivencia, cuando, como Proust, rompe y confunde el
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