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Historia social de la literatura y el arte
hace caso omiso del teatro, donde en todo caso se trata más de la re
producción que de la producción de obras de arte- no ha habido ejem
plo perfecto desde la Edad Media, y, en particular, desde las logias.
Cuán lejos está todavía la producción cinematográfica, sin em
bargo, del principio generalmente aceptado de un grupo artístico
cooperativo, se muestra no sólo en la inhabilidad de la mayoría de
los escritores para establecer una relación con el cine, sino también
en un fenómeno como Chaplin, que cree que debe hacer por sí mis
mo la mayor cantidad posible de cosas en sus películas: protagoni
zar el primer papel, la dirección, el guión, la música. Pero incluso
si esto es sólo el comienzo de un nuevo método de producción ar
tística organizada, es decir el cañamazo, por ei momento aún vacío,
de una nueva integración, sin embargo, también aquí, como en
toda la vida económica, social y política de la época presente, lo que
se busca es una amplia planificación, sin la cual tanto nuestro mun
do cultural como el material amenazan deshacerse en pedazos. Nos
encontramos aquí con la misma tensión que hallamos en toda nues
tra vida social: democracia y dictadura, especialización e integra
ción, racionalismo e irracionalismo, en choque mutuo. Pero si in
cluso en el campo de la economía y de la política la planificación
no puede siempre resolverse imponiendo reglas de conducta, aún
menos es posible en arte, donde toda violación de la espontaneidad,
toda forzada nivelación del gusto, toda regulación institucional de
la iniciativa personal van envueltas en grandes peligros, aunque no
tan mortales como se suele imaginar.
Pero ¿cómo en una época de la más extremada especialización
y del más refinado individualismo han de realizarse la armonía y la
integración de los esfuerzos individuales? ¿Cómo, por hablar en un
nivel práctico, hay que poner fin a una situación en la que las in
venciones literarias más aquejadas de pobreza sostienen muchas ve
ces las películas de más éxito técnico? No es un problema de di
rectores competentes contra escritores incompetentes, sino de dos
fenómenos que pertenecen a diferentes períodos de tiempo: el es
critor solitario y aislado que depende de sus propios recursos, y ios
problemas del cine, que sólo pueden ser resueltos colectivamente.
La unidad cinematográfica cooperativa anticipa una técnica social
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