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Bajo  el  signo del cine







                        mienzos de su carrera, de  joven; después,  retrocediendo en el pasa­



                        do, de niño; después le vemos en otra parte de la trama como hom­


                        bre maduro y, habiendo seguido su vida durante un tiempo, pode­


                        mos  finalmente  verle  aún  viviendo  después  de  su  muerte  en  la


                        memoria de alguno de sus parientes o amigos.  Como consecuencia



                        de  la  discontinuidad  del  tiempo,  el  desarrollo  retrospectivo  de  la


                        trama  se  combina  con  el  desarrollo  progresivo  en  completa  liber­


                        tad, sin  ninguna clase de vínculo cronológico, y a través  de los re­



                        petidos giros y vueltas en la continuidad del tiempo, la movilidad,


                        que es la verdadera esencia de la experiencia cinematográfica, es lle­


                        vada hasta sus límites  extremos. La real espacialización del tiempo



                        en  el  cine  no  ocurre,  sin embargo,  hasta  que  no  se pone  en ejecu­


                        ción  la  simultaneidad  de  tramas  paralelas.  Es  la  experiencia  de  la


                        simultaneidad de acontecimientos diferentes y espacialmente sepa­


                        rados  lo  que  pone  ai  auditorio  en aquella  situación  de  suspensión



                        que se  mueve entre el espacio y el  tiempo y reclama las categorías


                        de ambos  órdenes para sí misma.  Es  la  simultánea cercanía y  leja­


                        nía de las cosas -su  mutua cercanía en el tiempo y su mutuo aleja­



                        miento en  el  espacio- lo  que constituye  ei  elemento  espacio-tem­


                        poral,  la  bidimensionalidad  del  tiempo,  que  es  el  medio  real  del


                        cine y la categoría básica de su imagen del mundo.


                                   Ya  en  un  estadio  relativamente  temprano  en  la  historia  del



                        cine se descubrió que  la representación de la simultaneidad de dos


                        series de acontecimientos es parte del repertorio original de formas


                         cinemáticas. Primero, esta simultaneidad era simplemente registra­



                        da y  traída al conocimiento del público  mediante relojes que mar­


                         caban la misma hora o por semejantes indicaciones directas;  la téc­


                         nica artística del tratamiento intermitente de una doble trama y el


                         montaje alternativo de cada una de las fases de tal trama sólo se fue



                        desenvolviendo  poco  a  poco.  Pero  más  tarde  vamos  encontrando


                         ejemplos  de  esta técnica a cada paso.  Y ora nos encontremos entre


                         dos partidos  rivales,  ora dos  competidores  o  dos  dobles,  la estruc­


                         tura del cine está dominada en todos los casos por el cruce e inter­



                         sección  de dos  líneas  diferentes,  por el  carácter  bilateral  del  desa­


                         rrollo y la simultaneidad de las acciones que se oponen.  El  famoso


                         final de las primeras películas, ya clásicas, de Grifftih, en el que  la







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