Page 58 - El Alquimista
P. 58

emoción de lo desconocido. El futuro había sido escrito por Alá, y cualquier
               cosa que hubiese escrito era siempre para el bien del hombre. Entonces los
               Guerreros  apenas  vivían  el  presente,  porque  el  presente  estaba  lleno  de
               sorpresas y ellos tenían que vigilar muchas cosas: dónde estaba la espada del
               enemigo, dónde estaba su caballo, cuál era el próximo golpe que debía lanzar
               para salvar la vida.

                   El  camellero  no  era  un  Guerrero,  y  ya  había  consultado  a  algunos

               Adivinos. Muchos le habían dicho cosas acertadas, otros, cosas equivocadas.
               Hasta que uno de ellos, el más viejo (y el más temido) le preguntó por qué
               estaba tan interesado en saber su futuro.

                   —Para poder hacer las cosas —repuso el camellero—. Y cambiar lo que
               no me gustaría que sucediera.

                   —Entonces dejará de ser tu futuro —replicó el Adivino.

                   —Entonces tal vez quiero conocer el futuro para prepararme para las cosas

               que vendrán.

                   —Si son cosas buenas, cuando lleguen serán una agradable sorpresa —dijo
               el Adivino—. Y si son malas, empezarás a sufrir mucho antes de que sucedan.

                   —Quiero conocer el futuro porque soy un hombre —dijo el camellero al
               Adivino—. Y los hombres viven en función de su futuro.

                   El Adivino guardó silencio unos instantes. Él era especialista en el juego
               de varillas, que se arrojaban al suelo y se interpretaban según la manera en que

               caían. Aquel día él no lanzó las varillas, sino que las envolvió en un pañuelo y
               las volvió a colocar en el bolsillo.

                   —Me gano la vida adivinando el futuro de las personas —dijo—. Conozco
               la  ciencia  de  las  varillas  y  sé  cómo  utilizarla  para  penetrar  en  este  espacio
               donde  todo  está  escrito.  Allí  puedo  leer  el  pasado,  descubrir  lo  que  ya  fue
               olvidado y entender las señales del presente.


                   »Cuando las personas me consultan, yo no estoy leyendo el futuro; estoy
               adivinando el futuro. Porque el futuro pertenece a Dios, y Él sólo lo revela en
               circunstancias  extraordinarias.  ¿Y  cómo  consigo  adivinar  el  futuro?  Por  las
               señales del presente. Es en el presente donde está el secreto; si prestas atención
               al  presente,  podrás  mejorarlo.  Y  si  mejoras  el  presente,  lo  que  sucederá
               después también será mejor. Olvida el futuro y vive cada día de tu vida en las
               enseñanzas de la Ley y en la confianza de que Dios cuida de sus hijos. Cada

               día  trae  en  sí  la  Eternidad.  El  camellero  quiso  saber  cuáles  eran  las
               circunstancias en las que Dios permitía ver el futuro:

                   —Cuando Él mismo lo muestra. Y Dios muestra el futuro raramente, y por
               una única razón: es un futuro que fue escrito para ser cambiado.
   53   54   55   56   57   58   59   60   61   62   63