Page 197 - veinte mil leguas de viaje submarino
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Bien, Ned. Pues aceche esa ocasión, pero no olvide que un fracaso sería nuestra
perdición.
No lo olvidaré, créame.
Y ahora, Ned, ¿quiere conocer mi opinión sobre su pro-yecto?
Naturalmente, señor Aronnax.
Pues bien, pienso (no digo espero) que esa ocasión favo-rable no va a presentarse.
¿Por qué?
Porque el capitán Nemo no puede ignorar que no hemos renunciado a la esperanza de
recuperar nuestra libertad, y por tanto se mantendrá en guardia, sobre todo en las
proxi-midades de las costas europeas.
Estoy de acuerdo con el señor dijo Conseil.
Ya veremos -respondió Ned Land, que movía la cabeza en un gesto de determinación.
Y ahora, Ned, dejemos esto. Ni una palabra más sobre ello. El día que esté usted
dispuesto, nos lo dirá y nosotros le seguiremos. Lo dejo en sus manos.
Así terminó esta conversación, que habría de tener más tarde tan graves consecuencias.
Debo decir que los hechos parecieron confirmar mis previsiones, para desesperación del
canadiense. ¿Desconfiaba de nosotros el capitán Nemo en esos mares tan frecuentados, o
queria simplemente no ofrecerse a la vista de los numerosos barcos de todas las
na-cionalidades que surcan el Mediterráneo? Lo ignoro, pero lo cierto es que se mantuvo la
mayor parte del tiempo en in-mersión y a gran distancia de la costa. Cuando emergía, lo
hacía tan sólo mínimamente, asomando la cabina del timo-nel, pero con más frecuencia se
sumergía a grandes profun-didades, pues entre el archipiélago griego y el Asia Menor no
hallábamos fondo a dos mil metros.
Así, sólo supe de la proximidad de la isla de Cárpatos, una de las Espórades, por el verso de
Virgilio que me recitó el ca-pitán Nemo al tiempo que posaba su dedo en un punto del
planisferio:
Est in Carpathio Neptuni gurgite vates
Caeruleus Proteus...