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cia a aproximaciones bastante oscuras. Se iniciaron entonces dos
                     programas de investigación paralelos, dado que parecía que dicho
                     problema no podía resolverse exactamente por su gran compleji-
                     dad. Por un lado, se buscaron soluciones particulares exactas. Por
                     otro, se buscaron soluciones generales aproximadas que fuesen
                     útiles durante un lapso de tiempo, aplicando el método de pertur-
                     baciones que citamos anteriormente.
                         En la búsqueda de soluciones particulares exactas Lagrange
                     brilló con luz propia. En 1772, concurrió a un premio de la Acade-
                     mia de Ciencias de París con un trabajo titulado Ensayo sobre el
                     problema de  los  tres  cuerpos.  Era consciente de que el tema no
                     podía resolverse por integración -a diferencia de lo que ocurria
                     con el de los dos cuerpos-, es decir, ofreciendo una función analí-
                     tica que fuera la solución general de las ecuaciones diferenciales
                     del problema. No obstante, en ese trabajo Lagrange obtuvo algunas
                     soluciones particulares muy interesantes. En algunos casos concre-
                     tos, si los tres cuerpos bajo estudio se encontraban en una determi-
                     nada configuración espacial y dos de ellos presentaban masas muy
                     grandes en comparación con la del tercero, era posible dar con una
                     solución exacta.  Euler había encontrado una solución particular
                     para el caso en que los tres cuerpos se encuentren en línea recta.
                     Lagrange hizo lo propio para el caso de que los tres cuerpos se en-
                     cuentren en los vértices de un triángulo equilátero, los llamados
                     desde entonces puntos lagrangianos. Pero para Lagrange estas so-
                     luciones no tenían realidad física. No eran más que un divertimento
                     matemático. Sin embargo, en 1906, los astrónomos encontraron que
                     los asteroides troyanos (un eajambre de asteroides situados sobre
                     la órbita de Júpiter) formaban con el Sol y Júpiter la posición des-
                     crita por el matemático francés.  Las soluciones a este problema
                     particular de los tres cuerpos obtenidas de forma puramente teó-
                     rica por él tenían su confirmación física más de un siglo después.
                     Sin ser consciente de ello,  había resuelto el problema de los tres
                     cuerpos restringido al sistema formado por el Sol, Júpiter y el aste-
                     roide Aquiles (véase la figura de la página siguiente).
                         Pero,  aún más,  Lagrange también fue  pionero en encontrar
                     soluciones generales aproximadas al problema de los tres cuerpos.
                     Dos casos demandaban especial interés: el sistema de tres cuerpos





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