Page 180 - Mucho antes de ser mujer
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Capítulo 20
Miguel volvió, una vez más, portando los dividendos de la
última entrega; pudimos verle llegar totalmente empapado desde
la ventana de nuestro cuarto. El taxi le había dejado a unos dos-
cientos metros de la casa, algo habitual por razones de seguridad.
A los pocos minutos de entrar él en la vivienda, observamos cómo
rodaba lentamente, por el camino que accedía entre los jardines
desde el portalón principal, el coche oscuro en el cual le siguieran
los empleados de Bremon. A pesar del estricto cumplimiento con
los encargos que se le ordenaban, no le perdían de vista ni un mo-
mento; era evidente que aquellas gestiones no formaban parte de
una demanda de colaboración sino de una prueba de lealtad a la
que Miguel estaba respondiendo muy positivamente.
No fue hasta el día siguiente cuando pudimos hablar con él;
pero su fidelidad estaba resultando muy positiva para mis inten-
ciones; podría haber intentado escaparse ya que no sabía que le
seguían, pero optó por continuar allí, quizás por amor hacía mí o
porque veía en aquel lugar la ocasión de obtener una posición de
privilegio en el mismo ambiente en el que llevaba tiempo trapi-
cheando sin más beneficio que unos cuantos billetes para malvivir.
Durante toda aquella semana el comportamiento de Miguel me re-
sultó algo extraño, lo notaba diferente, como si intentase evitar mis
preguntas sobre las encomiendas que había llevado a cabo. A pesar
de mi insistencia respecto al tema, consecuencia de mi natural cu-
riosidad y de mi especial interés en las relaciones con mi padre, no
obtuve, en ningún momento, una explicación clara de lo sucedido;
tan sólo frases muy escuetas y ambiguas, como si temiese que lo que
pudiese decirme perjudicase nuestros planes.
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