Page 478 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
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El amor concilio los contrarios 467
sistirá en que el amante ame el amor de la separación que su amado
siente, pero no la separación, y al mismo tiempo ame la unión. Otra
solución más conciliadora que ésta, no cabe darle al problema. Es lo
mismo que ocurre con el místico que esté conforme con la providencia
divina. Se podrá decir con toda razón que tiene conformidad con los
divinos decretos, aunque no esté conforme con la cosa decretada, si
esta cosa es la infidelidad. Así, pues, también en este problema del
amor: el amante ama la unión con el amado y ama el amor que el
amado siente por la separación; mas no ama la separación. Porque la
separación no es el amor que de ella siente el amado; como tampoco
el decreto divino es la cosa decretada: el decreto divino es la sentencia
o decisión que Dios formula de que exista lo decretado, pero no es la
misma cosa decretada; y por eso cabe estar conforme con la decisión
de Dios [y no estarlo con su objeto].
Esta conciliación de los contrarios no es posible en el amor del
animal irracional, porque es amor físico y no espiritual, y, por tanto,
busca exclusivamente la unión con aquello que ama, sin saber si su
amado ama o no esa unión. De esto no tiene la menor idea. Y por eso
hemos dividido el amor humano en dos especies: amor físico, común
al hombre y a los animales y bestias; y amor espiritual, por el cual se
distingue el hombre del amor animal.
Y una vez que ya queda esto sentado, debes saber que existen tres
amores: amor divino, espiritual y físico. No hay más que éstos. El
amor divino es el que Dios nos tiene; también el amor que a El le te-
nemos, recibe el calificativo de divino. El amor espiritual es aquel que
no se preocupa de otra cosa, que de contentar al amado, sin que le
quede al amante otra voluntad ni propósito que su amado, es decir,
exclusivamente aquello que su amado quiera de él. El amor físico es
aquel que busca la plena satisfacción de sus propios deseos, tanto si
esto le agrada al amado, como si no le agrada. Este es el amor de la
mayoría de los hombres de hoy.
Comencemos, pues, por tratar del amor divino en un artículo espe-
cial. A éste seguirá otro sobre el amor espiritual; y, por fin, un tercero
sobre el amor físico.