Page 484 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
P. 484

El amor a Dios por Dios     473
                  "Tres amables muchachas
                De mi rienda tirando me dominan,
                Y en todos los rincones
                De este mi corazón las tres habitan."
          He aquí un amante que ama a tres; y, sin embargo, no deja de ha-
        ber su misterio en las palabras "De mi rienda" en singular, en vez de
        suponer varias riendas para estas sus amadas. Con ello da a entender
        que su amor, aunque es algo compuesto, sin embargo, no ama más
       que una sola cualidad, que para él existe en esas tres jóvenes, es decir,
       que se encuentra en la individualidad de cada una de ellas. Así lo con-
       firma la terminación del verso: "Y en todos los rincones—de este mi
       corazón las tres habitan"; porque si él amase, de cada una de las tres,
       una cualidad que en las otras no existiera, seguramente que la rienda,
       de la cual una tirase, sería distinta de  la rienda de las otras, y así
        también, el lugar que la una ocupase en su corazón no sería el mismo
        que las otras ocupasen. Luego es un solo amante que ama a un solo
       objeto; pero este único objeto amado existe en varios seres concretos;
       y en este sentido y por esta razón, ama a varios.
          Este amor es, pues, semejante al amor que tenemos a Dios por El
       mismo; porque unos amamos a Dios por nosotros, así como también
       hay quienes lo aman por ambos motivos juntos. Y este último es  el
       amor más perfecto, porque el que lo tiene, es el que conoce a Dios por
       la experiencia mística. De modo que el que conoce a Dios de esta ma-
       nera, lo ama por ambos motivos juntamente; en cambio, el que no lo
       conoce así, sino tan sólo por la noticia, lo ama solamente por El; y el
       que lo conoce por el beneficio, lo ama por sí mismo. El amor a Dios,
       por ambos motivos juntamente, obedece a que la experiencia mística
        es un modo de conocer que exige siempre una forma  [del objeto ex-
       perimentado], y toda forma es algo compuesto; y como el amante  [el
       hombre] está también dotado de una forma compuesta, resulta que por
       una parte oye [las noticias de su Amado] y lo ama por la noticia. Así,
        por ejemplo, cuando dice Dios por boca de su Profeta (1): "¿Amaste

         (1)  No es texto alcoránico.
   479   480   481   482   483   484   485   486   487   488   489