Page 489 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
P. 489

478          Parte III.—Textos: Fotuhat,  11, 437
       esto no obstante, aquella alma pura y grata a los ojos de Dios apresu-
       róse de primera intención a cumplir la ley exclamando: "No hay más
       que un solo Dios", conforme se lo había prescrito el mensajero.
          Después de esto fué cuando el mensajero le dió a conocer la gran
        recompensa, la felicidad perfecta a que se hacía acreedora, así como
       el castigo preparado para todo el que no cumpliese la ley. Y desde este
       momento, el alma unió, al servicio prestado a Dios exclusivamente por
       amor y gusto, otro servicio buscado por esperanza del premio y por
        temor al castigo, juntando así dos modos de servidumbre divina: una
        por Dios; otra por esperanza y temor.
          Por consiguiente, el alma ama ya a Dios por El y por sí misma, a
        causa de la duplicidad de sus elementos constitutivos: su naturaleza
        física y su espiritualidad. Por su naturaleza física se explica el amor
        de Dios inspirado en la esperanza y el temor. En cambio, se debe a
        su espiritualidad  el que sirva a Dios, sólo por amor. Y así también,
        siempre que el alma ame a alguno de los seres distintos de Dios,  lo
       amará por Dios, en cuanto a su espiritualidad, y lo amará por conse-
        guir alguna utilidad para sí misma, en cuanto a su naturaleza física.
          Ahora bien; cuando Dios ve esto, cuando advierte que en el alma
        existe por esencia esa duplicidad, merced a la cual ha podido reunir
        en sí misma los dos amores, como Dios es celoso, como El afirma que
        no le agrada que lo asociemos a otro ser amado, como desea hacer al
        alma exclusivamente de El, es decir, que sólo a El ame, Dios se le ma-
        nifiesta entonces bajo una forma física, otorgándole al propio tiempo
        una señal [tan segura de que es El quien bajo tal forma se manifies-
        ta], que el alma no puede negárselo a sí misma. Esa señal es lo que se
        llama conocimiento de evidencia inmediata o necesaria. Con esta evi-
        dencia, pues, conoce  el alma que Dios es quien se le manifiesta bajo
        dicha forma; e inmediatamente se siente inclinada hacia El, en su es-
        píritu y en su naturaleza física.
          Y cuando ya Dios posee y domina al alma, como, a pesar de esto,
        El sabe que las cosas criadas habrán de ejercer todavía su influjo so-
        bre la naturaleza física del alma, le da de nuevo otra señal para que con
        ella lo conozca; e inmediatamente se  le manifiesta con esa señal en
   484   485   486   487   488   489   490   491   492   493   494