Page 488 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
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El amor a Dios por Dios     477
        momento] trasladóse ya la adhesión de su amor hacia la causa crea-
        dora de aquellas causas, y dijo: "Ella es más digna de mi amor, verda-
        deramente; pero yo ignoro qué cosas  le agradará que yo haga, para
        hacerlas por su amor." Así, pues, el amor de Dios apoderóse del alma;
       pero amábale por los beneficios que le había otorgado, dándole el ser
        y creando todas las cosas que satisfacían sus necesidades; de aquí no
        pasaba, puesto que, a todo esto, ella no se cuidaba, habíase olvidado
       ya, de reconocer y confesar la soberanía de su Hacedor, a lo cual se
        había comprometido, antes de unirse con el cuerpo.
          Mas, mientras así vivía descuidada, he aquí que un ser de su mis-
       ma especie, aunque extraño a ella, vino a llamarle la atención, preten-
       diendo ser un mensajero, de parte de aquel Ser que la había criado. Ella
       le dijo: "Tú eres un ser como yo; temo, por tanto, que no digas verdad.
        ¿Tienes acaso alguien que atestigüe tu veracidad? Porque yo poseo
       una facultad discursiva, con  la cual he llegado a conocer a mi Ha-
       cedor."
          El mensajero entonces le presentó las razones que demostraban la
       veracidad de su pretensión. El alma discurrió sobre ellas, hasta quedar
        convencida de que decía verdad, y creyó en  él.
          El entonces le hizo ver que aquel Hacedor que la había creado era
       el mismo que [antes de estar unida al cuerpo]  la había obligado a po-
       nerse a sí misma por testigo de que confesaba su soberanía. Y el alma
        exclamó: "¡No tenía yo de ello la menor idea!; sin embargo, desde
       ahora yo cumpliré cuanto exija este compromiso que contraje, porque
       tú eres veraz en lo que me cuentas. Pero yo ignoro qué es lo que a ese
       Señor le place que yo haga. De modo que si tú me prescribieses y se-
       ñalases los preceptos y leyes oportunas, yo las cumpliría, para que co-
       nocieras [437] que soy del número de los que cumplen lo que exige
       la gratitud para con quien me ha otorgado sus beneficios."
          Dictóle, pues,  el mensajero la ley revelada, y  el alma la cumplió
       por gratitud, aunque contrariaba sus inclinaciones; no es que lo hi-
       ciese ni por temor ni por esperanza, puesto que cuando el mensajero
       le dictó la ley y le aseguró que su cumplimiento agradaría a Dios, no
       le dijo nada del premio, ni tampoco del castigo,  si la contravenía; y
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