Page 485 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
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474 Parte 111.— Textos: Fotuhat, 11, 436
acaso a algún amigo por Mí o te enemistaste por Mí con algún ene-
migo?", significa que solamente cuando hayas amado a todas las co-
sas por El y por El también las hayas odiado, es cuando tu amor divi-
no tendrá a Dios por motivo. Entonces es cuando nos ocupamos con
gusto en todo aquello que Dios quiere que nos ocupemos. Y la parte
corpórea de nuestro ser, la cual no ve experimentalmente a Dios,
es decir, nuestros miembros orgánicos, nuestra animalidad, sigue co-
mo fiel criado el imperio del alma racional, sin poder contradecir-
la, porque es cual instrumento suyo que el alma maneja según le
place, así en lo que a Dios le agrada, como en lo que le disgus-
ta [436]. En cambio, si por hipótesis considerásemos aisladamente a
cada una de las partes de nuestros órganos corpóreos abandonada a
sí misma (1), no le sería posible obrar, sino aquello que fuese de!
agrado de Dios, para el cual ha sido creada. Y, en general, todo cuanto
existe en el universo es de esta misma condición, excepto los hombres
y los genios. Eso es cabalmente lo que Dios dice (2) : "No existe cosa
alguna que no le glorifique y le alabe"; con esto quiere decir que todo
ser glorifica a Dios, pero sólo por alabarle, no por la recompensa, pues
esos actos de adoración divina son algo esencial a la naturaleza de
todo ser, sin que pueda concebirse que con ellos se busque un premio.
Y esos actos son efecto del amor que todos los seres tienen a Dios por
Dios.
Exceptúanse algunas almas racionales (3) que, por estar dotadas
de la facultad discursiva para conocer a Dios, no nacen dotadas de la
ciencia innata de Dios. Y por eso cabalmente esas almas humanas
[antes de unirse a sus cuerpos] se vieron obligadas por Dios [a con-
traer un compromiso solemne de obediencia] y sometidas por la fuer-
(1) Es decir, sin estar informada y vivificada por el alma racional que la
gobierna como a un instrumento.
(2) Alcorán, XVII, 46. Para toda esta doctrina de la ciencia infusa que de
Dios poseen los seres inanimados, cfr. Asín, Su teología y sistema del cosmos,
§ 13.
(3) Dice algunas, para exceptuar las de los místicos perfectos, dotados de
la intuición infusa de Dios.