Page 486 - El Islam cristianizado : estudio del "sufismo" a través de las obras de Abenarabi de Murcia
P. 486
:
El amor a Dios por Dios 475
za a atestiguar contra ellas mismas [la soberanía de Dios] y se pos-
traron adorándole, pero no de grado, sino a disgusto y tan sólo sujetas
por la violencia (1). Después de esto, Dios las despachó libres ya (en
apariencia) de ese compromiso especial, aunque a él sometidas toda-
vía, sin darse de ello cuenta y creyéndose libres. Y así, cuando después
fueron convertidas en gobernantes de este tabernáculo tenebroso (2),
obraban en todos los asuntos, según lo que ellas mismas se proponían,
sin amar más que aquello que llenaba las inclinaciones de su propia
naturaleza física y sin tener para nada en cuenta que estaban obliga-
das a dar testimonio de que reconocían a su Hacedor como Señor y
Dueño.
Mas he aquí que, en tal situación, cada una de las facultades dis-
cursivas y todas las potencias dijeron al alma:
"Tú me estás empleando, pero sin cuidarte de mí, abandonándome
como si fuera un mero instrumento pasivo, no teniendo conmigo la
solicitud debida. Usame, pues [como yo merezco]."
"Razón tienes—dijo el alma— ; pero no me reprendas, pues yo ig-
noraba la dignidad de tu rango. Yo te doy permiso para que libremen-
te obres conforme tu naturaleza exige, a fin de que yo pueda saber
con certeza hasta dónde se extiende tu esfera de acción y emplearte
después dentro de los límites de ella."
"Inmediatamente vas a ser obedecida"—replicó la razón, y volvien-
do su rostro hacia el alma, comenzó a decirle, como un maestro [a su
discípulo]
(1) La traducción de este párrafo no es literal, porque en él se alude os-
curamente a un texto revelado (Alcorán, VII, 171), cuyo sentido se presta a
muchísimas interpretaciones, de las cuales la más ortodoxa (que es también la
más grosera), supone que Dios sacó realmente de los ríñones de Adán a toda
la humanidad simultáneamente, para obligarla a que se comprometiese a obe-
decer a Dios como a su Señor y dueño, cuando después fuese viniendo al mun-
do por generaciones sucesivas. Otros exégetas aplican este texto a las almas
humanas, antes de su unión con los cuerpos. De esta opinión parece ser Abena-
rabi, según podrá verse en los párrafos que siguen; y por eso me he permitido
alterar la letra de este párrafo que, de otro modo, sería ininteligible. Cfr. Co-
mentario de Aljázin, II, 143-6.
(2) El cuerpo humano.