Page 453 - Las enseñanzas secretas de todos los tiempos
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los antiguos therapeutae atribuían al Hermes inmortal la distinción de ser el fundador
del arte de curar. San Clemente de Alejandría, al describir los libros atribuidos a la
pluma de Hermes, dividió los escritos sagrados en seis clasificaciones generales, una
de las cuales, el Pastophorus, estaba dedicada a la ciencia de la medicina. La
Smaradgine, o Tabla de Esmeralda, hallada en el valle del Hebro y en general
atribuida a Hermes, en realidad es una fórmula química de una orden elevada y
secreta.
Hipócrates, el famoso médico griego, durante el siglo V antes de Cristo desvinculó
el arte de curar de las demás ciencias del templo y estableció de este modo un
precedente de separación, una de cuyas consecuencias es el extremo materialismo
científico tan difundido en la actualidad. Los antiguos se daban cuenta de la
interdependencia de las ciencias, pero los modernos no y, en consecuencia, unos
sistemas de conocimiento incompletos procuran mantener el individualismo aislado.
Los obstáculos con los que se enfrenta actualmente la investigación científica se
deben, en gran medida, a las limitaciones sesgadas impuestas por quienes no están
dispuestos a aceptar nada que trascienda de las percepciones concretas de los cinco
sentidos humanos principales.
El Sistema de Filosofía Médica de Paracelso
Después de que se hiciera caso omiso de ellos durante mucho tiempo, durante la Edad
Media se volvieron a reunir los axiomas y las fórmulas de la sabiduría hermética, se
pusieron por escrito y se hicieron esfuerzos sistemáticos para comprobar su validez. A
Theophrastus de Hohenheim, que respondía al nombre de Paracelso —que significa
«más grande que Celso»—, debe el mundo gran parte del conocimiento que posee
actualmente sobre los sistemas de medicina antiguos.
Paracelso dedicó toda su vida a estudiar y presentar la filosofía hermética.
Aprovechó todas las nociones y todas las teorías y, si bien los miembros de la
fraternidad médica menosprecian hoy su memoria, como se opusieron entonces a su
sistema, el mundo oculto sabe que en algún momento será reconocido como el
médico supremo de todos los tiempos. Aunque sus enemigos no le perdonan su
carácter heterodoxo y exótico y, por sus ansias de viajar, lo han llamado vagabundo, la
suya fue una de las pocas mentes que procuraron conciliar con inteligencia el arte de
curar con los sistemas filosóficos y religiosos del paganismo y el cristianismo.
Para defender su derecho a buscar el conocimiento en todas partes de la tierra y