Page 44 - El Mártir de las Catacumbas
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Porque en una hora ha sido hecha desolación.

                       Regocijaos sobre ella, vosotros cielos,
                       Y vosotros santos apóstoles y profetas,

                       Porque Dios os ha vengado sobre ella.


                       Una vasta multitud se reunió alrededor de él, confusa y sorprendida, pero apenas había
               cesado de hablar cuando aparecieron algunos soldados y lo llevaron.

                       "Sin duda es algún pobre cristiano, que por causa del sufrimiento ha perdido el cerebro,"
               pensó  Marcelo.  Y  conforme  el  hombre  era  llevado,  aún  seguía  clamando  sus  terribles
               denunciaciones,  y  una  gran  multitud  les  siguió,  gritando  y  burlándose.  El  ruido  no  tardó  en
               perderse en la distancia.

                       "No hay tiempo que perder. Yo debo irme," dijo entre sí Marcelo, y partió.


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               LA VIDA EN LAS CATACUMBAS

               ¡Oh tinieblas, tinieblas, tinieblas al ardor del sol del medio día,
               Oscuridad irrevocable, eclipse total,

               Sin esperanza alguna de que venga el día!


                      CON LAGRIMAS DE GOZO le dieron la bienvenida a su regreso a las catacumbas. Con
               vivo  entusiasmo  escucharon  las  referencias  de  sus entrevistas  con  sus  superiores; y al  mismo
               tiempo que compartían su comprensión de sus dificultades, se regocijaban que él hubiera sido
               hallado digno de sufrir por Cristo.
                       En medio de todo este nuevo ambiente, aprendía más de la verdad cada día, e igualmente
               contemplaba lo que tenían que sufrir los seguidores del Señor. La vida de las catacumbas abrió
               ante él sin la menor reserva todos sus secretos maravillosos y su variedad.
               La vasta muchedumbre que moraba en las entrañas de la tierra recibía sus provisiones, gracias a
               su permanente comunicación con la ciudad hostil que arriba. Estas operaciones se realizaban al
               amparo de la noche. Esta osada y peligrosa tarea se cumplía por los hombres más resueltos que
               se  ofrecían  voluntariamente  para  ello.  Empero  aun  mujeres  y  niños  completaban  estos
               menesteres, siendo uno de los más sagaces el pequeño Polio, cuyos méritos eran dignos de la
               alabanza  de  los  suyos.  Entre  la  vasta  población  de  la  ciudad  de  Roma  no  era  difícil  pasar
               desapercibido, era así que las provisiones no escaseaban. No obstante había veces en que esas
               correrías terminaban abrupta y fatalmente, y no se volvía a ver más a los osados aventureros.
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