Page 47 - El Mártir de las Catacumbas
P. 47
de aliento, o también para compartir condolencias por un nuevo mártir. Por las noches despedían
a los más osados de entre en desesperadas empresas de traerles noticias del mundo exterior, o
bien a traer los cuerpos ensangrentados de las nuevas víctimas. En el transcurso de diferentes
persecuciones, ellos se replegaron aquí bajo una seguridad tal, que aunque millones perecieron
por todo el vasto imperio, el genuino poder del cristianismo en Roma a peñas fue sacudido.
De este modo fue puesta a cubierto su seguridad y preservada su vida, pero ¿bajo qué
condiciones? ¿Por ventura, qué es la vida sin luz, y qué es la seguridad del cuerpo en aquellas
húmedas tinieblas que deprimen el alma? La naturaleza física del hombre se estremece ante tal
destino, y su delicadísimo organismo no tarda en percatarse de la falta de aquel sutil principio
renovador que tan estrechamente vinculado se halla con la luz. Las funciones del cuerpo van
perdiendo una por una las facultades y aquel tono normal de energía. Aquel debilitamiento del
cuerpo afecta la mente, predispone a la tristeza, la aprehensión, la duda y hasta la desesperación.
No deja de ser un honor mayor para el hombre mantenerse firme y fiel bajo tales circunstancias,
que haber ofrecido su vida en heroica muerte en la arena, o haber muerto ardiendo resueltamente
en la pira. Allí, en donde las más densas sombras de las tinieblas envolvían amortajando a los
cautivos, fue donde éstos hicieron frente con valentía suprema a las más duras de las pruebas. La
valiente presencia de ánimo bajo la persecución misma era lo más admirable; pero se tomó tanto
más sublime al haberla resistido, no obstante sus horrores indescriptibles.
Las ráfagas de aire helado que siempre recorrían este laberinto les enfriaban hasta los huesos,
pero traía aire renovado de la superficie. Tanto los pisos, como las murallas y los techos, se
hallaban cubiertos de depósitos inmundos de vapores húmedos que siempre circulaban; pues la
atmósfera se hallaba espesa de exhalaciones impuras y miasmas deletéreas. El denso humo de las
antorchas siempre encendidas podría haber mitigado los aires nocivos, pero oprimía a los
moradores con su mortal influencia, que además de cegar sofocaba. Empero, en medio de este
cúmulo de horrores, el alma del mártir se mantuvo firme e inconmovible sin rendirse. El revivido
espíritu que resistió todo esto se irguió a proporciones que nunca fueron alcanzadas ni en los más
orgullosos días de la vieja república. Aquí fue sobrepujada la fortaleza de Régulo, la devoción de
Curtio, la constancia de Bruto, y no por hombres adultos y fuertes solamente, sino por tiernas
vírgenes y niños endebles.
Así, desdeñando el rendirse ante el más cruel de los poderes de la persecución, se
mantuvieron firmes y sin fluctuar en la pureza de corazón, en el bien, en la valentía y en la
nobleza. Para ellos la muerte no tenía terrores, ni tampoco la aterradora muerte en vida a que se
vieron obligados y que prefirieron soportar allí en esas regiones del desmayo entre los muertos.
Ellos sabían lo que les esperaba cuando se decidían a seguir a Jesucristo, y lo aceptaban todo
gustosos. Ellos descendían allí voluntariamente, llevando consigo todo lo que era más precioso al
alma del hombre, y ellos todo lo sufrían por aquel gran amor con que ellos habían sido y eran
amados.
El constante esfuerzo que ellos hacían por disminuir la intensidad de las tinieblas de su
morada, ha quedado visible en todo el rededor de las murallas. En algunos lugares, éstas se
hallaban cubiertas de estucado blanco, y en otras se hallaban adornados con cuadros; pero de
ninguna manera con mortales deificados por adorarlos, idolátricamente, sino sencillamente
monumentos de recuerdo de aquellos grandes héroes antiguos de la verdad, "que por fe ganaron
reinos, obraron justicia, alcanzaron promesas, taparon la boca de los leones, apagaron fuegos
impetuosos, evitaron filo de cuchillo, convalecieron de enfermedades, fueron hechos fuertes en
batallas, trastornaron campos extraños" (Heb. 11:33,34). Si en estas horas de angustia y