Page 54 - El Mártir de las Catacumbas
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cualquier  momento.  ¿Qué  dice  nuestro  Señor?. "Estad  también  vosotros  listos  y  apercibidos."
               Cuando el tiempo nos llegue, debemos estar dispuestos a decir: "Listo estoy para ser ofrecido."
                       -Sí-dijo  Marcel-,  nuestro  Señor  nos  ha  dicho  lo  que  hemos  de  tener:  "En  el  mundo
               tendréis aflicción...”

                       -Ah,  pero  también  El  dice:  "Mas  confiad;  yo  he  vencido  al  mundo...  Donde  yo estoy,
               vosotros también estaréis.
                       -Por medio de El -dijo Marcel-, podemos salir más que vencedores sobre la muerte. Las
               aflicciones de este tiempo presente no son dignas de compararse con la gloria que nos ha de ser
               revelada.

                       Así se consolaban ellos con las promesas seguras de la bendita Palabra de vida que en
               todos  los  tiempos  y  en  todas  las  circunstancias  es  capaz  de  dar  tal  consolación  celestial.
               Finalmente llegaron a su destino, sanos y salvos portando sus cargas, con la más íntima gratitud
               en sus corazones hacia Aquel que les había preservado.
                       No muchos días después, Marcelo volvió a salir en busca de provisiones. Esta vez él fue
               solo. Fue a la casa de un hombre que era muy amigo para con ellos y les había sido de gran
               ayuda. Estaba por fuera de las murallas, en las inmediaciones de la Vía Apia.
                       Después  de  haber  obtenido las provisiones indispensables, empezó a  averiguar por las
               noticias.

                       -Malas  son  para  vosotros  las  noticias  -dijo  el  hombre-.  Uno  de  los  oficiales  de  los
               pretorianos se convirtió al Cristianismo recientemente, y eso ha enfurecido al emperador. Este ha
               designado  a  otro  oficial  para  el  cargo  que  aquél  tenía,  y  le  ha  comisionado  a  perseguir a  los
               cristianos. Y es así que cada día capturan algunos de ellos. Pues en estos días no hay un solo
               hombre que sea considerado demasiado pobre para no capturarlo.

                       -Ah  ¿sabe  Ud.  el  nombre  del  nuevo  oficial  de  los  pretorianos  que  está  encargado  de
               perseguir a los cristianos?
                       -Lúculo.

                       -¡Lúculo! -exclamó Marcelo-. ¡Qué extraño!
                       -Dicen que es un hombre de mucha habilidad y energía.

                       -He oído hablar de él. Y a la verdad estas son malas noticias para los cristianos.
                       -La  conversión  al  Cristianismo  del  otro  oficial  de  los  pretorianos  ha  enfurecido  al
               emperador hasta enloquecerlo. A tal extremo que se ofrece un cuantioso rescate por él. Y si tú,
               amigo, por ventura lo ves o te hallas en condiciones de hacérselo saber, procura por todos los
               medios comunicárselo. Dicen todos que él está en las catacumbas con vosotros."

                       -El debe estar allí, puesto que no hay otro lugar de seguridad.
               -Verdaderamente, estos son tiempos terribles. Tienes necesidad de tomar todas las precauciones
               posibles.
                       Marcelo contestó, humilde, pero firmemente, -No pueden matarme más de una vez.

               -¡Oh, vosotros los cristianos derrocháis la fortaleza más excelente. Yo admiro con toda mí alma
               vuestra  valentía  pero  yo  pienso  que  podríais  conformaros  exteriormente  al  decreto  del
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