Page 56 - El Mártir de las Catacumbas
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Los perseguidores llegaron a la orilla del río, pero de allí no pasaron.



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               LA CAPTURA


               La prueba de vuestra ¡e obra paciencia.

                      EN LA  CAPILLA,  HONORIO se  encontraba sentado  en  compañía  de uno o dos más,
               entre  quienes  se  encontraba  la  hermana  Cecilia.  Los  débiles  rayos  de  una  sola  lámpara
               alumbraban el escenario muy débilmente. Todos los presentes se hallaban silenciosos y tristes.
               Sobre ellos pesaba una melancolía más profunda de lo común. Alrededor de ellos se oía el ruido
               de pasos y de voces y un confuso murmullo de actividad vital.
                      En forma repentina y rápida se oyeron pasos, y Marcelo entró. Los ocupantes de la capilla
               saltaron sobre sus pies con exclamaciones de gozo.
                      -¿Dónde está Polio? -preguntó Cecilia con vivo interés.

                       -Yo no lo he visto dijo Marcelo.
                      -¡No lo ha visto! -y volvió a caer sobre su asiento.

                      -Pero ¿qué pasa? ¿Ha debido volver ya?
                      -Ha debido volver hace seis horas, y eso me tiene loca de ansiedad, no hay peligro dijo
               Marcelo  en  actitud  de  consolarla-.  El  sabe  cuidarse.  -Procuró  hacer  que  no  se  notara  su
               preocupación, pero sus miradas traicionaban sus palabras.
                      -¡Qué  no  hay  peligro!  dijo  Cecilia-.  Ay  de  mí,  nosotros  sabemos  ya  todos  los  nuevos
               peligros que hay. Jamás ha sido tan peligroso como ahora.
                      - Qué te ha hecho atrasarte tanto, Marcelo? Te dábamos por muerto.

                      Marcelo contestó, -Yo fui detenido cerca de la Vía Alba. Tuve que soltar la carga y correr
               al río. La turba me siguió, pero yo me arrojé al río y lo pasé a nado. De allá tomé una ruta en
               circunvalación entre las calles del otro lado, después de lo cual volví a pasar y así he llegado
               hasta aquí sano y salvo.
                      -Has escapado milagrosamente, pues han ofrecido un rescate por ti.

                      -¿Lo habíais sabido vosotros?
                      -Desde luego que sí, y mucho más. Hemos sabido de los redoblados esfuerzos que ellos
               están haciendo para aniquilarnos. Durante todo e1 día nos han estado llegando noticias de dolor.
               Más que nunca tenemos que fiarnos solamente en El que puede salvarnos.
                      -Todavía podremos frustrar sus planes -dijo Marcelo con aire de esperanza.
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