Page 60 - El Mártir de las Catacumbas
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Los que a su lado estaban acudieron a atenderla. La llevaron a su cuarto. Una vez allí, le
               aplicaron los habituales estimulantes hasta revivirla. Pero el golpe la había afectado gravemente,
               y aunque volvió en sí, quedó en tal estado que parecía que soñaba.
                      Mientras tanto el mensajero había recuperado las fuerzas, y había dicho todo lo que sabía.

                      Marcelo le preguntó:
                      -Polio fue contigo, ¿no es así?

                      -No, él estaba solo.
                      -¿En qué diligencia había ido?

                      -Estaba tratando de saber noticias y como estaba en un lado de la calle, un poco atrás. El
               ya  se  venía.  Caminamos  hasta  que  llegamos  a  donde  había  una  multitud  de  hombres.  Para
               sorpresa  mía  Polio  fue  detenido  y  sometido  a  interrogatorios.  Yo  ya  no  oí  lo  que  pasó,  pero
               alcancé a ver sus gestos de amenaza, y finalmente vi que le prendieron. Nada pude hacer yo por
               él.  Me  mantuve  a  una  distancia  de  seguridad  y  observé.  Como  media  hora  después  se  hizo
               presente una tropa de pretorianos. Polio fue entregado a ellos y se lo llevaron.

                      -¿Pretorianos? -dijo Marcelo-. ¿Conoce al capitán?
                      -Sí, era Lúculo.

                      -Está bien -dijo Marcelo, y quedó sumido en profunda meditación


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               LA OFRENDA



               Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.


                      HABÍA  ANOCHECIDO  en  el  cuartel de  los  pretorianos.  Lúculo  se hallaba  sentado  al
               lado  de  una  lámpara  que  despedía  su  luz  brillante  por  todo  el  rededor.  De  pronto  hubo  de
               levantarse al oír un toque en la puerta. Prestamente la abrió. Un hombre entró y avanzó silen-
               ciosamente  hasta  el  centro  del  cuarto.  Luego,  desembozándose  de  la  gran  capa  en  que  venía
               envuelto, quedó descubierto en la presencia de Lúculo.
                       -¡Marcelo!  --exclamó  éste  preso  de  asombro,  y  saltando  hacia  adelante  abrazó  a  su
               visitante con visibles muestras de gozo.

                      -Querido  amigo  mío  -dijo  él-,  ¿a  qué  azar  feliz  debo  yo  este  encuentro?  Me  hallaba
               precisamente pensando en ti, y no me imaginaba siquiera cuándo nos veríamos otra vez.
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