Page 63 - El Mártir de las Catacumbas
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-¡Tú! -exclamó él.
-¡Sí, yo mismo!
-Estás bromeando. Es imposible.
-Te hablo con toda seriedad. Es por esto que ya he expuesto mi vida al venir ante ti. He
demostrado el interés que tengo por él al arriesgarme a tanto peligro. Yo te explicaré. Este niño
Polio es el último de una antigua noble familia romana. Es el único hijo de su madre. Su padre
murió en el campo de batalla. El pertenece a los Servilii.
-¡Los Servilii. Luego su madre es la Señora Cecilia?
-Sí. Ella es una de las refugiadas de las catacumbas. Toda su vida y su amor no son sino este
muchacho. Cada día lo deja ella que salga a la ciudad en una peligrosa aventura, pero en su
ausencia ella sufre indescriptible agonía. Con todo, ella teme retenerlo sin salir de allí, por temor
de que el aire húmedo que es tan fatal para los niños vaya a originarle la muerte. Y así ella lo
expone a lo que ella cree que es el peligro menor.
Este es el niño que tienes prisionero. Esa madre lo ha sabido y ahora ella yace
debatiéndose entre la vida v la muerte. Si tú lo sacrificas, ella también morirá, y ya no será más
uno de los más nobles y puros espíritus de Roma.
-Por estas razones es que yo vengo a ofrecerme en canje. ¿Qué soy yo? Yo estoy solo en
el mundo. Ninguna vida se halla vinculada a la mía. No hay nadie que dependa de mí para el
presente y el futuro. Yo no le temo a la muerte. Puede venir tan igualmente ahora mismo, como
puede venir en otra ocasión. Tarde o temprano tiene que venir, y yo prefiero mucho mejor dar mi
vida por mi amigo que ofrecerla inútilmente. Por todas estas razones, oh Lúculo, es que te lo
imploro, por sagrados lazos de amistad, por tu compasión, por tu promesa que me hiciste, dame
esta ayuda que te pido, y toma mi vida en canje por la de él.
Lúculo se puso de pie y se paseó por la sala, conteniendo una gran agitación dentro de sí.
-:Por qué, oh Marcelo -exclamó al último-, me sometes a tan terrible prueba?
-Mi propuesta es fácil de que la recibas.
-¿Te olvidas acaso que tu vida me es igualmente preciosa?
-Pero, piensa en este pequeño niño.
-Efectivamente, yo lo compadezco en el alma. ¿Pero piensas que yo puedo recibir tu vida
en prenda?
-Pues mi vida ya está dada en prenda, y yo la ofreceré tarde o temprano. Y por eso te
imploro que me des la oportunidad de ofrecerla en la forma en que puede ser útil.
-Tú no morirás, mientras esté a mi alcance evitarlo. Tu vida no está todavía en prenda.
Por los dioses inmortales juro que pasará mucho antes que tú puedas ocupar un lugar en la arena.
-Nadie me podrá salvar una vez que yo sea aprehendido, aunque hicieras todo lo que pudieras.
¿Qué puedes hacer para salvar a uno sobre quien está cayendo la inexorable ira del emperador?
-Yo puedo hacer mucho para desviarla. Tú no estás en condiciones de saber cuánto se
puede hacer. Pero, aun cuando yo no pudiera hacer nada, con todo no voy a acceder a esta tu
propuesta ahora.