Page 67 - El Mártir de las Catacumbas
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riqueza, la comodidad, los amigos y los honores del estado y el favor del emperador. Todo será
               tuyo.

                       -Yo no puedo.
                       -Tu padre fue un súbdito leal y un valiente soldado. El murió por su patria en el campo de
               batalla. Te  dejó  muy pequeño,  pero  como  el  único heredero de todos sus honores, y como el
               último puntal de su noble casa. Lejos estaría de él pensar siquiera en las pérfidas influencias que
               te cercarían descarriándote a la perdición. Tu madre, con su mente debilitada por el dolor, se
               rindió a las insidiosas astucias de los falsos maestros, y de la misma manera ella en su ignorancia
               labró la ruina tuya. Si tu padre viviera, tú serías ahora la esperanza de su nobilísima casta; tu
               misma madre también habría seguido  fiel  la  fe  de  sus  ilustres antepasados.  ¿No  valoras tú la
               memoria de tu padre? ¿Acaso no te corresponde hacia él principalmente un deber filial? ¿No
               piensas tú que es pecado amontonar deshonra sobre el glorioso nombre que debes enorgullecerte
               en llevar, arrojando sobre él el baldón de tu traición, siendo un nombre que se te ha transmitido
               sin mancha? Deja, pues, esas ilusiones locas que te ciegan. Por la memoria de tu padre, por el
               honor de tu familia, apártate de este camino que has tomado.

                       -De ninguna manera les hago yo deshonor. Mi fe es pura v santa. Yo puedo morir, pero
               no puedo traicionar a mi Salvador.

                       -Tú  estás  viendo  que  mostramos  misericordia  contigo.  Tu  noble  nombre,  así  como  tu
               inexperiencia, nos  causan  lástima. Si tú  fueras  un  prisionero  común  te  ofreceríamos en pocas
               palabras la simple elección entre retractarte o morir. Pero en este caso queremos razonar contigo,
               porque  no  queremos  que  se  extinga  una  noble  familia  por  la  ignorancia  u  obstinación  de  un
               heredero degenerado.

                       -Os agradezco de todas vuestras consideraciones -dijo Polio-, pero vuestros argumentos
               no significan nada para mí ante la suprema autoridad de mi Dios.
                       -¡Muchacho  temerario  e  irreflexivo!  Acaso  puedes  tú  encontrar  un  argumento  más
               poderoso. La ira del emperador es irresistible.
                       -Aun más terrible es la ira del Cordero.

                       -Eso  que  tú  hablas  es  un  lenguaje  sin  inteligencia.  ;Qué  es  eso  que  llamas  la  ira  del
               Cordero- ;Por qué no piensas en lo que es inminente sobre ti?
                       -Mis hermanos y amigos ya han soportado todo lo que vosotros podéis hacer al cuerpo. Y
               yo confío que me sostendrá igual fortaleza.
                       -Pero ¿puedes tú soportar los terrores de la arena?

                       -Yo cuento con la fortaleza del que venció la muerte.
                       -¿Puedes tú enfrentarte con los leones y tigres salvajes que se precipitarán contra ti?.

                       -Aquel en quien yo confío no me abandona en el momento que lo necesito.
                       -Tú estás muy confiado.

                       -Precisamente confío en que me amó a tal extremo que se entregó a sí mismo por mí.
               -Pero ¿no has pensado tú en la muerte por el fuego? ¿Estás listo para hacer frente a la muerte en
               las llamas de la pira?
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