Page 202 - MITOS GRIEGOS e historiografía antigua
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        Un hecho importante domina la historia del occidente romano en
     los siglos IV y V: la persistencia de las invasiones bárbaras.51  Ya en el
     401 Al arico invade Italia por el norte, pero Estilicón al mando del ejér­
     cito de Galia acude para liberar al emperador. Entre 405 y 406 coalicio­
     nes de pueblos germanos y eslavos hicieron incursiones dentro de las
     fronteras del imperio, que no había podido acudir en socorro de sus
     provincias occidentales. En el 408 Estilicón es ejecutado por Honorio,
     lo  que provoca la vuelta a escena de Alarico.  Saquea Aquileya y
     Cremona, y sin vacilación se dirige a Roma. Tras algunos devaneos
     diplomáticos con Honorio, Alarico toma la Ciudad en el año 410, per­
     mitiendo el pillaje a sus soldados con la recomendación de respetar la
     vida de los hombres y el honor de las mujeres. De estas instrucciones
     oficiales a la realidad hubo mucha diferencia: saqueo de casas, incen­
     dios, torturas, etc. Lo cierto es que los invasores no respetaron más que
     las iglesias, a los habitantes que habían buscado refugio en ellas y, de
     modo general, los objetos de culto. Las dos basílicas, de San Pedro y
     San Pablo, fueron asilos inviolables. Una parte de la ciudad fue quema­
     da. Numerosos ciudadanos huyeron a Africa, Egipto o Palestina. Desde
     que la ciudad fuera saqueada en el siglo IV a.C. por los galos hasta
     ahora, 410 d.C., Roma había permanecido incólume. Su caída produjo
     un efecto estremecedor en todo el Imperio. Páginas impresionantes es­
     critas por San Jerónimo narran la dolorosa experiencia. Mucho tiempo
     antes los romanos (paganos) habían atribuido las calamidades de la
     época a la ira de los dioses, a los cuales los cristianos habían provocado
     con sus conductas sacrilegas. Después del incendio de Roma este re­
     proche fue todavía más rotundo y llegó a hacer vacilar la fe de muchos
     cristianos, que se preguntaban por qué los santos, cuyas reliquias eran
     tan numerosas en Roma, no habían podido preservar la ciudad del sal­
     vaje furor de los bárbaros. ¿Para qué sirven las tumbas de los Apóstoles
     cuando Roma padece tan grandes calamidades?
        Para replicar a los paganos y consolar a los cristianos que se sentían
     abandonados por su Dios en medio de tantos males, Agustín escribió su


      51 Sobre el tratamiento histórico de las invasiones y sus problemas, L. Musset, Las invasiones.
        Las oleadas Germánicas, Barcelona 1967. Sobre los acontecimientos históricos, en gene­
        ral, L. Homo, Nueva historia de Roma, Barcelona 19716, 415 ss.; y W. Seston, «La deca­
        dencia del Imperio Romano de Occidente. Las invasiones bárbaras», en El mundo romano,
        vol. 2, Madrid 1985, 581 ss.
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