Page 136 - MARX DOSCIENTOS AÑOS DESPUÉS (2018)
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Marx: doscientos años después (1818-2018)

          los   regímenes    comunistas     para    intentar   refutar
          definitivamente las ideas de Marx” (p. 25). A la vez, dicha
          negación de los postulados de Marx, conllevaba la proclama
          del triunfo de la sociedad liberal y, particularmente, del libre
          mercado,  del  capitalismo  en  su  etapa  tardía.  De  hecho,  el
          ataque al pensamiento de Marx no transita simplemente en el
          escenario del debate académico, sino que llega a trascender
          en  la  vida  práctica  de  muchas  naciones.  En  coyunturas
          políticas,  como  la  colombiana,  citar  a  Marx,  desde  el
          reproche  de  sus  ideas  (aún  sin  conocerlas),  constituye  una
          práctica  constante  de  justificación  de  la  derecha,  el
          capitalismo  y  el  orden  democrático  burgués.  Dicho
          oportunismo  respecto  a  las  ideas  de  Marx,  es  menos  que
          infame, considerando que de ningún modo fue Marx defensor
          de la tiranía.

          La intención de Marx, por el contrario, es afirmar la defensa
          contra los excesos del modelo de producción capitalista, en la
          modernidad,  y  a  los  poderes  externos  que  lo  han  sometido
          históricamente. La emancipación es posible en la medida en
          que se adquiere conciencia de la realidad, como posibilidad
          para superar la enajenación, causada por un hecho económico
          contemporáneo:

            el trabajador se vuelve más pobre a medida que produce más
            riqueza y a medida que su producción crece en poder y en
            cantidad.  El  trabajador  se  convierte  en  una  mercancía  aún
            más  barata  cuantos  más  bienes  crea.  La  devaluación  del
            mundo  humano  aumenta  en  relación  directa  con  el
            incremento de valor del mundo de las cosas. El trabajo no
            sólo  crea  bienes;  también  se  produce  a  sí  mismo  y  al
            trabajador como una mercancía y en la misma proporción en
            que produce bienes. Este hecho supone simplemente que el
            objeto producido por el trabajo, su producto, se opone ahora
            a  él  como  un  ser  ajeno, como  un  poder independiente  del
            productor. (Marx, 2012, p. 104-105)



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