Page 151 - Debate anti-utopico
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La izquierda desfigurada en los tiempos democráticos        151



            El reformismo Gonista
            Todavía existe un mar de dudas para comprender en su real dimensión
            la crisis y caída de Gonzalo Sánchez de Lozada el 17 de octubre del año
            2003. Específicamente, el derrumbe de su gobierno representó el fin del
            modelo neoliberal de democracia y economía en Bolivia. A pesar de
            haber dirigido el Estado con relativo éxito durante su primer gobierno
            entre 1993 y 1997, súbitamente todo se desmoronó porque su liderazgo
            presidencial mostró un serio agotamiento. El control de su propio par-
            tido también fue víctima de tensiones internas que hicieron muy difícil
            el dominio coherente de la coalición de gobierno en la segunda admi-
            nistración gubernamental, que comenzó con muchas expectativas en
            agosto de 2002.
                Una vez que Sánchez de Lozada reemplazara al histórico Víctor Paz
            Estenssoro como líder del MNR en 1990, el caudillismo consubstancial
            a la cultura política en Bolivia reinsertó un nuevo culto a la personalidad
            y del apócope de Gonzalo: Goni, sobrenombre con que todos sus segui-
            dores lo llamaban, se desgajó la denominación de una supuesta doctrina
            reformista: el gonismo, estandarte electoral y adjetivo que bautizaba a
            los nuevos líderes del MNR: empresarios y dirigentes verdaderamente
            neoliberales que endiosaron al mercado como el centro supremo del desa-
            rrollo económico y democrático.
                Los gonistas constituían una nueva tendencia que desplazaba a la
            doctrina histórica del Nacionalismo Revolucionario nacido en la década
            de los años cuarenta del siglo XX. El gonismo se alineó también con la
            presencia del empresariado privado en la política boliviana que declaraba
            abiertamente su deseo de convertirse en una élite destinada a controlar
            el poder por largo tiempo.
                La victoria lograda por el MNR en junio de 1993 con 35,6% de la
            votación nacional era, sin lugar a dudas, el símbolo de un éxito personal
            y de una sólida legitimidad. No sólo hizo brotar rencores disimulados
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