Page 161 - Debate anti-utopico
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La izquierda desfigurada en los tiempos democráticos        161



                El Katarismo había nacido en 1976 y participó activamente en los
            momentos de democratización más importantes como en las elecciones
            de 1979, 1980, 1985 y 1989. Su principal problema radicaba en que nunca
            tuvo una organización de carácter nacional como movimiento político,
            lo suficientemente fuerte como para romper sus perspectivas etno-cultu-
            ralistas, a fin de convertirse en una opción política de carácter nacional.
            El sentido crítico hacia la sociedad boliviana por medio de sus cuestio-
            namientos al colonialismo interno y la reinterpretación de la historia
            donde destaquen los movimientos indígenas como verdaderas fuerzas de
            reconstrucción de las identidades nacionales, se eclipsó por sus ambicio-
            nes de llegar rápidamente al poder.
                Si bien el Katarismo trató de otorgar a las identidades étnicas e indí-
            genas un estatus nuevo más allá de la identidad campesina que expresaba
            el mestizaje y sometimiento a la modernidad occidental, terminó por
            apagarse cuando el gonismo le ofreció un sitial expectable como alianza
            electoral con posibilidades de llegar al gobierno. Víctor Hugo Cárdenas
            olvidó su vocación para cultivar la ideología katarista, se convirtió en un
            cholo, es decir, se occidentalizó en medio del mestizaje liberal y perdió
            fuerza como liderazgo independiente, razón por la cual no pudo recon-
            ducir las contradicciones más importantes de la democracia pactada, ni
            tampoco supo restringir las tendencias autoritarias de Sánchez de Lozada.
                El gonismo hizo un uso instrumental del Katarismo y del mismo
            Cárdenas, estimulando la proliferación de formas particulares de exclu-
             sión mediante una estrategia de liberalismo modernizador que vendió
            la idea de una democracia sin ideologías y apta para facilitar el multi-
            culturalismo. Esta actitud evitó formas más genuinas e institucionales
            de inclusión. El universo social boliviano reivindicó, entonces, el cho-
            laje como una manifestación del mestizaje intercultural contemporáneo,
            pero las élites empresariales y los grupos influyentes de la gobernabilidad
            definieron arbitrariamente, según su posición en la balanza de poder, los
            términos de la inclusión como una nueva forma de dominación.
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