Page 30 - Tratado sobre las almas errantes
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Otro ejemplo son los escritos de Zenón de Verona (siglo IV), el cual defendería la tesis
intermediacionista de acuerdo a B. Daley:
El pequeño tratado de Zenón sobre el Juicio Final (2.21) se hace eco de la teoría de Hilario de que el Juicio
no incluirá ni a los santos ni a los pecadores endurecidos, ya que ambos grupos ya han sido juzgados por sus
acciones (1.3). El Juicio, el cual “se da por las situaciones de ambigüedad”, será ejercido sobre “aquellos que
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están tanto entre los fieles como entre los infieles” .
A pesar de que podemos encontrar textos con ideas muy variadas en la época patrística, la
idea del juicio particular comenzó a sugerirse pronto:
Desde el final del siglo II (Tertuliano), los escritores patrísticos comenzaron a sugerir la perspectiva de un
juicio pronunciado por Dios al final de cada vida individual. Incluso antes de esto, los apologistas parecían
asumir que cada una de nuestras historias personales llegaban a una resolución final en la muerte, más bien que
al final del mundo; y así comenzaron a insinuar la concepción de lo que en la teología moderna se llama un
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“estado intermedio” entre la muerte y la resurrección .
Desde luego en el siglo IV los Padres testifican con gran claridad el hecho del juicio
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particular . La mera existencia de una retribución inmediata tras la muerte no excluye elementos
que insertan una cierta complejidad en ese juicio particular. Al menos la mentalidad popular así lo
ha considerado. Por ejemplo, en tiempos medievales encontramos referencias no sólo textuales, sino
también iconográficas que plasman la idea de la lucha entre ángeles y demonios por el alma del ya
difunto. Lo interesante es que la pelea por su alma tiene lugar después de la muerte de esta persona.
Combaten por un alma ya separada del cuerpo. Los frescos representan continuamente a los ángeles
y demonios no en lucha junto al lecho del difunto, sino que ese enfrentamiento se traslada al
momento en que San Miguel pesa el alma separada frente a un demonio que hace lo posible para
que el pesaje sea a su favor y el alma se condene. Sirva como ejemplo del entendimiento de este
pesaje, la visión que tuvo San Bonifacio (siglo VIII):
Ya Bonifacio había referido una visión en la que los demonios y los ángeles participaban en el proceso de
pesado: “Los demonios traían cargas contra ellos y agravaban el peso de sus pecados. Los ángeles aligeraban el
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peso y ofrecían excusas en su favor” .
A las pinturas e imágenes esculpidas representando el pesaje de las almas, conocido en
iconografía con el término técnico de psicostasis, de nuevo le pone voz la visión en el año 1206 de
un campesino de East Anglia:
El apóstol tenía dos pesos a su lado, uno grande y otro pequeño (...), el Diablo del mismo modo tenía dos
pesos, uno grande y otro pequeño (...). Una tras otra, las almas completamente ennegrecidas subieron temblando
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con gran temor las escaleras para ver cómo sus acciones, las buenas y las malas, serían pesadas allí .
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Brian Daley, The hope of the early church: a handbook of patristic eschatology, Cambridge University Press,
Cambridge 1991, pg. 97.
57 Brian Daley, The hope of the early church: a handbook of patristic eschatology, pg. 220.
58 Michael Schmaus, Teología Dogmática, volumen VII, n. 302, pg. 419.
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Bernhard Jussen, Ordering Medieval Society: perspectives on intellectual and practical modes of shaping social
relations, University of Pensilvania Press, Filadelfia 2001, pg. 16.
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Bernhard Jussen, Ordering Medieval Society: perspectives on intellectual and practical modes of shaping social
relations, pg. 15-16.
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